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MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
A LOS SACERDOTES REUNIDOS EN LA BASÍLICA
DE SAN PEDRO PARA LA MISA CRISMAL DEL JUEVES SANTO
24
de marzo de 2005
Amadísimos sacerdotes; queridos hermanos y hermanas:
Me uno idealmente a todos vosotros, que os halláis reunidos en la basílica
vaticana para la celebración de la solemne misa Crismal. Saludo al cardenal
Giovanni Battista Re, que preside el sagrado rito, así como a los venerados
hermanos cardenales y obispos. Os saludo a vosotros, queridos sacerdotes de la
diócesis de Roma y a los que procedéis de muchas otras regiones del mundo. Y os
saludo a vosotros, queridos diáconos, queridos religiosos y religiosas, y
queridos fieles que representáis a todo el pueblo de Dios.
Con esta celebración litúrgica conmemoramos el día en que Cristo transmitió a
los Apóstoles su sacerdocio. Los sacerdotes revivimos aquellos momentos de
intimidad espiritual que Jesús compartió en el Cenáculo con sus "amigos" en la
víspera de su pasión, muerte y resurrección. Nosotros somos sus "amigos" y, con
el corazón lleno de gratitud, renovamos las promesas sacerdotales formuladas con
generoso entusiasmo el día de nuestra ordenación.
Desde mi apartamento, a través de la televisión, estoy espiritualmente entre
vosotros, queridos hermanos. Con vosotros doy gracias a Dios por el don y
misterio de nuestro sacerdocio; juntamente con vosotros y con toda la familia de
los creyentes, pido al Señor que no falten nunca en la Iglesia numerosos y
santos sacerdotes.
Encomiendo estos deseos y oraciones a María, Madre de Cristo, sumo y eterno
sacerdote.
A todos imparto mi bendición.
Vaticano, 24 de marzo de 2005
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Editrice Vaticana
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