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VISITA A AL-MAGHTAS
DISCURSO
DE JUAN PABLO II
Martes 22 de marzo de 2000
Excelencia; queridos
amigos:
Agradezco esta oportunidad de visitar un lugar tan impregnado de historia.
Durante miles de años, esta área en torno a Jericó ha sido una región
habitada. Cerca de aquí encontramos huellas de la ciudad más antigua del
mundo. Sin embargo, su recuerdo resulta aún más rico si nos referimos a la
Sagrada Escritura, que describe a Jericó como un lugar donde no sólo hay
huellas del hombre, sino también de Dios mismo.
Con los ojos del alma veo a Jesús que se acerca a las aguas del río Jordán,
no lejos de aquí, para ser bautizado por Juan Bautista (cf. Mt 3, 13);
veo a Jesús que pasa de camino hacia la ciudad santa, donde morirá
y resucitará; lo veo abrir los ojos del ciego a su paso (cf. Lc
18, 35-43).
Hoy Jericó se ha convertido en un florido oasis en medio del desierto. Ojalá
que esta ciudad, tan rica en recuerdos, sea también rica en promesas. Que su
desarrollo anuncie la esperanza del futuro más pacífico que los habitantes
de este lugar y todos los pueblos de esta tierra desean desde hace tanto
tiempo.
¡Dios os bendiga a todos!
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