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 MENSAJE DE SU SANTIDAD JUAN XIII
AL CARDENAL ELIA DALLA COSTA, ARZOBISPO DE FLORENCIA,
CON OCASIÓN DEL V CENTENARIO
DEL TRÁNSITO DE SAN ANTONINO PIEROZZI
*

 

Con sentimientos de alegría paternal queremos estar presentes por medio de nuestra palabra de estímulo y bendición en la clausura de las fiestas celebradas en Florencia para conmemorar el V centenario del tránsito de San Antonino Pierozzi.

Al mismo tiempo que expresamos nuestra complacencia por las muestras de férvido homenaje que estos queridos hijos han dedicado al gran compatriota y antiguo Arzobispo, el cual honró y santificó la tierra natal, deseamos dirigirles una exhortación paternal para que vivan con tesón perseverante los generosos propósitos surgidos en esas solemnes manifestaciones, y conserven con amor, junto con las veneradas reliquias del glorioso Santo, la preciosa herencia de doctrina y ejemplos que él dejó para edificación común.

Reflexionando sobre la vida de San Antonino, religioso dominico, insigne escritor eclesiástico y celosísimo Obispo, nos complace subrayar el aspecto de su actividad pastoral con las mismas palabras con que él ha trazado a los Prelados el programa de su altísimo ministerio: «Los Obispos deben ser imitadores de sus padres, es decir, de los Apóstoles con toda santidad de vida... apacentar con el ejemplo de su vida a su grey... meditando, orando por el pueblo, predicando a las gentes y dirigiéndolas» (Summ. Theol., Graz 1959, tomo III, tít. XX : De statu Episcoporum, cap. I, col. 1094 1096) .

De todos es conocido cuán ardiente fue el apostolado de San Antonino y cuánto beneficiaron a las almas sus palabras, escritos y actividades. Durante los años de Obispo, él, convertido en forma gregis ex animo, siendo ejemplo para el rebaño con prontitud de ánimo (1P 5, 3), reorganizó la Archidiócesis florentina, efectuó visitas pastorales, se preocupó por mejorar las costumbres, se entregó a la formación del clero y a la dirección espiritual y derramó los tesoros de su caridad en obras de asistencia a los indigentes, a los afligidos y especialmente a los apestados.

¡Ojalá que el ejemplo admirable de este apóstol de Florencia sea para los sacerdotes y religiosos luz y consuelo en el ejercicio del sagrado ministerio, y para todos los fieles estímulo eficaz en la práctica de escogidas virtudes para el perfeccionamiento constante de su vida cristiana!

Con tales votos paternales y en la consoladora esperanza de abundantes frutos espirituales elevamos una plegaria fervorosa al ínclito Santo compatriota de esa querida Archidiócesis para que le alcance del Señor efusión de gracias, y de corazón enviamos a usted, querido hijo nuestro, al Cardenal Antonio Bacci, al Arzobispo Coadjutor, al Clero, al pueblo y a todos los participantes en las fiestas del centenario la propiciatoria Bendición Apostólica.

Del Vaticano, 6 de mayo de 1960.

IOANNES XXIII PP


* AAS 52 (1960) 478-479.

 

 

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