Venerable Hermano,
Salud y Apostólica Bendición.
Puesto que en breve se cumplirá el vigésimo quinto año desde que tú, Venerable
Hermano, fuiste creado Obispo, es justo que des gracias a Dios que durante este
largo espacio de tiempo te ha protegido y te ha colmado con la abundancia de
sus dones.
Al llegar esta memorable fecha queremos, con el mayor agrado, manifestarte
nuestra felicitación y nuestras votos para colmar tu alegría y la del sagrado
clero y fieles de esa Diócesis salmantina. Sirvan estas Nuestras letras para
testimoniarte claramente el afecto que en la benevolencia de nuestro corazón te
profesamos, y para tributarte nuestras alabanzas y el estímulo por los trabajos
a que estás consagrado.
Pues tanto al gobernar la Diócesis de Coria como la de Salamanca, que tienes
ahora encomendada, han sido grandes tus méritos y te has manifestado como buen
Pastor por tu ardiente celo por la gloria de Dios, por la abundancia de tu
doctrina sagrada y por tu gran constancia en el cumplimiento, día tras día, de
tu misión.
Especialmente, en tu honor debe recaer tu extraordinaria preocupación por la
Universidad salmantina, ínclito ornamento y gloria de esa ciudad, y por haber
construido el Seminario Menor. Y ahora, después que un incendio destruyó el
Seminario Mayor, te entregas con gran solicitud a la reconstrucción de ese
artístico monumento. Al agradecerte los comienzos de esta reconstrucción
queremos rogarte y estimularte, tanto a ti como a todos aquellos a quienes
corresponde, a llevar esta obra definitivamente a cabo, pues de ello han de
provenir extraordinarios beneficios para esa Diócesis, y ya de antemano nos
gozamos can una cierta y alegre esperanza.
Humildemente pedimos a Jesucristo, corona de los Prelados, las riquezas de su
gracia para ti, a fin de que, con ocasión de esta jubilosa fecha, saques nuevas
fuerzas, proyectes nuevos planes, para que puedas progresar con renovada
esfuerzo en tu actividad y puedas brillar más y más en la caridad para con Dios
y para con el prójimo, tanto en el afecto de tu alma como en la actividad de tu
vida.
Y para que más saludablemente celebres esta fecha de tu consagración episcopal,
te concedemos facultad para que en el día que mejor quieras des en nuestro
nombre y con nuestra autoridad la Bendición Papal con Indulgencia Plenaria a
los fieles presentes en ella.
Finalmente, no nos queda sino enviarte, con ,nuestros mejores deseos, a ti,
Venerable Hermano, y a la grey encomendada a tu gobierno la Bendición
Apostólica.
Dada en Roma, junto a San Pedro, el día 31 de mayo de 1960, segundo de nuestro
Pontificado.
JUAN PP XXIII