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CARTA DEL PAPA JUAN XXIII
AL EPISCOPADO DE SUIZA,
A PROPÓSITO DEL "AÑO MISIONERO"

 

Venerables Hermanos,
salud y bendición apostólica.

El anuncio, Venerables Hermanos, de que vuestro Consejo Episcopal ha determinado llamar Misionero para los católicos de Suiza el año que acaba de comenzar, Nos ha producido grande consuelo: pues tal iniciativa responde plenamente a Nuestro vehemente anhelo, por el que, siguiendo las huellos de Nuestros Predecesores, nada llevamos tan en el corazón como que todos Nuestros hijos den su adhesión y cooperen en la ayuda a las misiones.

Siempre debe hacerse así, ya que nada más oportuno que los que han recibido gratuitamente de Dios, dador de todo bien, el don de la fe hagan participantes de él a los hermanos; enseña, en efecto, la práctica, que por el celo en difundir el Evangelio que anima a cada uno de los fieles cristianos, a las distintas sociedades religiosas, diócesis y naciones, se reconoce e1 carácter sincero y genuino de su vida cristiana.

Pero, en la época actual se ha de considerar esto como el mayor deber, que es necesario cumplir sin demora. En efecto, lo que Nuestro Predecesor Pío XII, de v. m., previó en la Encíclica Fidei Donum para los próximos decenios se está verificando con tal rapidez, que es absolutamente necesario que los católicos aúnen sus fuerzas y recursos en la Suprema sagrada empresa.

Por eso os felicitamos altamente, Venerables Hermanos, de que, conscientes de esta grave necesidad, propongáis realizar en este año múltiples iniciativas y exhortaciones de carácter misional.

En primer lugar, debéis exhortar recta y sanamente a los fieles que os están confiados a elevar súplicas a Dios, puesto que el fruto de la obra misionera se debe principalmente a la divina gracia. Pues si la labor apostólica puede apreciarse a veces por el progreso externo, es preciso, sin embargo, que aquélla radique en el espíritu del hombre, movido, iluminado y guiado ocultamente por el Espíritu Santo. Los verdaderos triunfos de la Santa Iglesia se preparan en la intimidad de los espíritus y mediante esta acción mística, todos los cristianos —aun los que no pueden ir a lejanas tierras para anunciar el Evangelio— pueden prestar inestimable ayuda de caridad y oraciones a los apóstoles de Cristo.

Asimismo debéis esforzaros este año en difundir cuanto sea posible el conocimiento de las sagradas misiones: pues es muy conveniente que los fieles de hoy conozcan concretamente la situación "actual" de las misiones.

Para ello ayudarán ciertamente en gran manera la sagrada predicación, manifestaciones públicas, publicaciones de prensa, los medios de la radio y de la televisión; debe invitarse también para conseguir esto a los inscritos en la Acción Católica, exhortándoles a informarse por todos los medios oportunos del progreso de la Iglesia en medio de las dificultades y conflictos, a fin de que, como corresponde a la Comunión de los Santos, participen siempre de la tribulación y gozo fraternos. Nada juzgamos más apto que esto para preparar los fieles al Concilio Ecuménico, en este año en que se acelera su labor preparatoria.

Deseáis por último, muy justamente, que los fieles a vosotros confiados, dando precioso testimonio de su caridad, se esfuercen en ejercitar la propia abnegación. Para lo cual les exhortaréis a que todos los viernes de la próxima Cuaresma reserven algo en ayuda de las misiones, que se unirá a la colecta común destinada a los predicadores del Evangelio de uno y otro sexo. Nos congratulamos sobremanera con vosotros, por haber decidido destinar parte de estos donativos a las Obras Misionales Pontificias, pues si es muy justo que favorezcáis a vuestros hermanos de nación, que son como vuestros abanderados en la vanguardia de la Iglesia, conviene sobre lodo educar a los fieles a pensar y obrar con espíritu católico, y a observar lo mandado por Nuestro Predecesor Pío XI de v. m., que, en el Motu Proprio del año 1922, establece que las Obras Misionales Pontificias distribuyan equitativamente el total de la recaudación entre todos los Misioneros de todo el orbe.

Gustando ya con vosotros los felices resultados que se prevé ha de producir el proclamado Año Misionero, pedimos para esta iniciativa el favor de Dios, por intersección de la Virgen Madre de Dios, de San Nicolás de Flúe y de todos vuestros demás Celestes Patronos. Sea prenda conciliadora de la gracia celeste la Bendición Apostólica que impartimos de corazón a vosotros, a los celosos sacerdotes y a todo el amadísimo pueblo de la noble nación helvética.

En Roma, junto a San Pedro, 2 de enero de 1961, año tercero de Nuestro Pontificado.

JUAN PP. XXIII

 

 

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