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CARTA DEL PAPA JUAN XXIII
A "L'OSSERVATORE ROMANO"
EN EL PRIMER CENTENARIO DE SU FUNDACIÓN
*

 

A nuestro querido hijo Raimondo Manzini,
director de "L'Osservatore Romano":

"L'Osservatore Romano" cumple felizmente los cien años de su fundación. Y tú, querido hijo, juntamente con la insigne corona de tus colaboradores y escritores, quieres celebrar de modo conveniente y adecuado la singular efemérides de este fausto acontecimiento.

A la vez que aprobamos gustosos este propósito, no queremos que en tan solemne circunstancia nuestra voz permanezca silenciosa; recibid nuestra palabra como prenda de nuestro amor, testimonio de nuestra gratitud, aliento para sostener y proseguir con devoto ánimo la ardua empresa del combate cristiano.

Los cien años transcurridos han hecho de este periódico no sólo testigo, sino también artífice de la historia, pues estrechamente unido, por la misma proximidad del lugar, a la Sede Apostólica, y siguiendo diligentemente su magisterio, ha aportado continuamente, en la promoción del Reino de Cristo sobre la tierra, lo que es de mayor estima entre los fieles católicos y todos los hombres honrados; ha sostenido la verdad, defendido la justicia, promovido la causa de la verdadera libertad, tutelado la honestidad y el honor de la condición y dignidad humana.

En los tiempos tranquilos y en los tempestuosos, entre las mutables circunstancias de los acontecimientos, ha mantenido siempre la misma constancia, la misma moderación y equidad, el mismo sentimiento de piedad hacia el género humano, cimentado por la caridad cristiana, ya que fundaba su modo de pensar y de actuar no en las pasiones de los míseros mortales, sino en la verdad y la justicia divinas. De este modo se hacía excelso ejemplo para toda publicación análoga. Pues despreciar la religión, retorcer la verdad con, falsas interpretaciones, burlar la virtud, exaltar el vicio y los delitos es suma vergüenza que se hace 'aun más nefasta cuando se practica, en nombre de la libertad, la licencia desenfrenada y se prepara así la ruina de la sociedad humana.

Es sumamente conveniente en estas circunstancias recordar los méritos del periódico. Y, al tejer sus elogios, no podemos menos de traer a la memoria los nombres siquiera de aquellos que fueron directores del diario, Zanchini y Bastia, el marqués de Baviera, Cesare Crispolti, Giovanni Battista Casoni, Giuseppe Angelini, el conde Giuseppe Dalla Torre, hombres verdaderamente ejemplares.

Presentamos de modo especial en esta circunstancia la expresión de nuestro ánimo agradecido y reconocido a Giuseppe Dalla Torre, que tantos méritos ha contraído en la causa católica, teniendo siempre en gran estima el trabajo por él realizado.

Al elogio vayan unidos los votos augurales. Lo que hasta ahora se ha realizado bien es motivo de fundada esperanza si el futuro, como se augura, va unido indisolublemente con el pasado.

No se sabe qué es lo que el futuro nos prepara entre tantos vertiginosos y rápidos cambios. Pero cualquier cosa que sea lo que suceda, el eximio diario consumirá la misma fuerza, el mismo empeño por la Iglesia a fin de que, destruidos los errores, resplandezca victoriosa entre los hombres la verdad, les una la caridad, impere la paz de Cristo. Permanecerá como bandera incontaminada y levantada en lo alto, visible a todos los pueblos, bajo la cual se entrelazan fe, virtud y honor.

Tras de expresarte desde lo profundo del corazón nuestros votos a ti, querido hijo, y a cuantos te ayudan en componer, escribir e imprimir "L'Osservatore Romano" y a todos los que lo leen, lo divulgan, lo apoyan, damos de todo corazón la Bendición Apostólica.

Del Vaticano, diez de junio de mil novecientos sesenta y uno.

JOANNES XXIII

 


* Discorsi, messaggi, colloqui, vol. III, págs. 854-856.

 

 

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