En el IV Centenario de la Virgen de Araceli, desde esta Roma de la que un
día fue llevada esa bendita imagen, Nos es grato dirigiros a vosotros, queridos
hijos de Lucena y de la Diócesis de Córdoba, un saludo paterno con que
testimoniaros nuestro afecto y exhortaros a celebrar estas fiestas jubilares en
el mayor fervor de vida cristiana. Bien sabemos cómo vuestros corazones se
sienten encadenados a ese devoto santuario de Aras, relicario en que se custodia
tan rico tesoro, desde el que hace cuatro siglos, por la manos de María, están
lloviendo las gracias del cielo sobre vuestras campiñas y hogares.
La historia
religiosa de vuestra comarca ha recibido de su influjo espiritual fisonomía
propia, rica en manifestaciones de fe y de piedad mariana.
En las proximidades del Concilio Vaticano II la Virgen de Araceli, como
otrora en los tiempos del Concilio de Trento, es portadora de mensajes de
misericordia y ternura maternal, de pureza de alma y de renovación de
costumbres. Ella muestra el camino seguro para seguir a Jesús con una conciencia
delicada y recta, con una práctica religiosa constante y sincera y, como fruto
de todo ello, con la observancia de la justicia y caridad en la aplicación de la
doctrina social de la Iglesia.
Que viváis, amadísimos Hijos, en toda su
profundidad y extensión la realidad espiritual de estas conmemoraciones a fin de
que vuestro homenaje a la Santísima Virgen le sea agradable. Tales son, estamos seguros de ello, vuestros deseos, pues tenéis bien presente, al honrar a María, que, como decía el Beato Juan de Ávila, "los que no gozan el fruto de su
vientre, no viven con la vida que trajo, ni reciben el perdón ni su gracia;
éstos no la alaban ni la aman, y si la aman no es de verdad, porque aquel que de
verdad la ama, oye y guarda sus palabras".
A la poderosa intercesión de "la
Reina de esas Tierras" confiamos todas vuestras intenciones y necesidades, para
que las presente ante nuestro Señor Jesucristo, mientras le pedimos que os
bendiga con la bendición materna de la cual es prenda la Nuestra que de corazón
otorgamos a Lucena, a su comarca y a toda la Diócesis de Córdoba.
El Vaticano, 17 de abril de 1962.
IOANNES XXIII PP