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 RADIOMENSAJE DEL PAPA JUAN XXIII
A LOS FIELES DE LA REPÚBLICA DE COSTA RICA
CON MOTIVO DE LA CLAUSURA DE LA MISIÓN GENERAL
*


Domingo 29 de mayo de 1960

 

Amadísimos costarricenses:

Era el doce de marzo de este año cuando en una sugestiva ceremonia, ante Nuestra Señora de los Ángeles, en su Basílica de Cartago, se daba comienzo a la misión general de Costa Rica. Y desde la tarde de aquel sábado ¡cuántas gracias de Dios sobre vuestros pueblos y hogares! ¡Cuántas maravillas en el interior de vuestras almas! Un aura benéfica de resurrección espiritual, desde Limón a Cartago, ha recorrido el país entero: lo ha levantado la predicación fervorosa de los misioneros y como una gran bendición ha pasado estos días para tocar el espíritu de muchos, para esclarecer las conciencias de no pocos, para encender el fervor de todos. ¡Qué hermosa vuestra vida puesta de cara a Dios! Felicitaciones, amadísimos costarricenses. Demos gracias al Señor por todo el bien de estos meses.

Queréis una palabra de vuestro Padre de Roma, y de buen grado la confiamos a las ondas de la Radio, con la que Nos place trasmitiros también Nuestro afecto. Nos parece veros congregados en torno al altar para confirmar vuestros propósitos de vida sinceramente cristiana. El Señor os ha visitado en su grande misericordia, por medio de la palabra de los Misioneros que ha caído en la tierra fértil y buena de vuestras almas. Tenemos la esperanza de que este vuestro coloquio con Cristo, verdad y luz del mundo, continuará todavía después de la misión en la intimidad de los corazones, y los inflamará de fe, de valor, de ideales sobrenaturales dando el fruto del ciento por uno.

Cultivad vuestra fe, aquella fe que os trajeron heroicos misioneros de la católica España, y mantenedla siempre viva con una adecuada instrucción religiosa. Supla en este campo a la escasez de obreros evangélicos el uso inteligente de los medios de difusión de la verdad, a fin de que los embates insidiosos del «inimicus homo» hallen la puerta cerrada a la siembra de ideas que pudieran escindir la unidad de vuestra herencia católica. Bien sabéis que no es posible conservar una religiosidad profunda si no se alimenta la vida espiritual con la frecuencia de sacramentos y la práctica de una piedad sincera, si no se procura un continuo enriquecimiento de ideas para mantener constantemente renovado el espíritu y ofrecer nuevas soluciones a problemas nuevos.

La coyuntura actual de la sociedad reclama ante todo de cada católico una sólida fe religiosa y una, conciencia moral ilustrada. Cuando despiertan las masas en todos los continentes y la técnica revoluciona antiguos conceptos, es preciso reforzar esta fe en Dios y en Cristo, en la Iglesia y en su misión, por la confesión abierta del mundo sobrenatural, por la caridad efusiva para todos, por el deseo de renovación de estructuras de acuerdo con el Evangelio.

Defended siempre la familia cristiana como uno de los más firmes baluartes contra el materialismo ateo. «No hay paz en los corazones y en las familias —queremos repetiros lo que decíamos un día a los campesinos de Italia— si la prosecución de una prosperidad terrena no va unida con el santo temor de Dios, con el respeto a su ley eterna y la estima de la gracia divina» (Discurso a la Confederación de Cultivadores Directos, 27 de abril de 1960)

Esa paz pedimos a Dios para vosotros. Os lo diremos, para acabar, con San Pablo: «El Señor de la paz os dé la paz perenne en todo lugar; la gracia del Señor sea siempre con vosotros. Así sea» (2Ts 3, 18). Sea portadora de estos dones la Bendición Apostólica que con ánimo paterno damos de todo corazón al Episcopado, al Clero, en particular a los celosos Misioneros, y a las autoridades y pueblo católico de Costa Rica.


* AAS 52 (1960) 472-473. Discorsi, messaggi, colloqui, vol. II págs. 382-384.

 

 

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