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RADIOMENSAJE DEL PAPA JUAN XXIII
PARA LA CLAUSURA DEL I CONGRESO MUNDIAL DEL MOVIMIENTO
INTERNACIONAL DE LA JUVENTUD AGRARIA Y RURAL CATÓLICA
*


Domingo 29 de mayo de 1960

 

Queridos hijos e hijas de la juventud agraria y rural católica:

Con gran alegría hemos sabido vuestro vivo deseo de escuchar la voz del Padre Común al final de este primero y hermoso Congreso internacional que acaba de reuniros en Lourdes —en esa Basílica de San Pío X que hace poco tuvimos la alegría de consagrar— en unas provechosas jornadas de estudio y oración bajo la mirada de la Virgen María.

Queremos simplemente deciros que nos es muy grato saber que estáis reunidos ahí, en torno a vuestro celoso fundador, al que se debe en gran parte el feliz éxito de este encuentro. Por ello le felicitamos de todo corazón así como a todos vosotros, queridos hijos e hijas, procedentes de sesenta países, de África, América, Asia y Europa en representación de los millares de hermanos vuestros que por todo el mundo comparten la misma preocupación apostólica con una vida semejante a la vuestra.

¡Qué largo camino recorrido desde los modestos comienzos de la Acción Católica Rural! Verdaderamente el grano de mostaza echado en tierra con fe ha ido bendecido de Dios y se ha convertido en un gran árbol. ¡Qué poderoso motivo para Nos de alabar con vosotros al divino Sembrador y felicitaros por haber sido con su gracia los buenos obreros de su campo! ¡Qué estímulo también para que continuéis vuestros esfuerzos encaminados a que vuestra acción, con la ayuda de Dios, dé todavía mejores frutos y para que progresivamente ayudéis a todos vuestros hermanos del mundo rural a descubrir a muchos de ellos a conocer mejor al Creador del mundo que es también el Redentor de nuestras almas!

En el curso de estas jornadas consagradas al tema: El Hambre en el Mundo, habéis podido ser más conscientes de vuestros deberes de hombres y de cristianos, responsables de vuestros hermanos y más especialmente de las necesidades de los menos favorecidos entre ellos: hambre de pan principalmente, pero también hambre de dignidad humana, de cultura y amistad, hambre de Dios sobre todo, pues «no de sólo pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4,4).

Queridos hijos e hijas de la juventud agrícola y rural católica: tened siempre, conforme al deseo del Apóstol Pablo, «una conducta digna de la vocación que habéis recibido» (Ef 4, 1). Que vuestra voz en el concierto de las organizaciones internacionales, entre las que acabáis de colocaros con tanto acierto, haga oír constantemente las exigencias de la justicia y que vuestra acción sea fiel en recordar, con toda caridad, las necesidades de las personas y colectividades en un mundo más sensible ordinariamente a las presiones de la fuerza que a las invitaciones del amor fraterno.

Hacedlo siempre en conexión con las dos Federaciones que agrupan a la juventud católica masculina y femenina de los distintos países, recordando que hace poco nos complacíamos en subrayar «la necesidad de una más estrecha colaboración individual, tanto dentro de las Asociaciones como en el plano nacional o internacional» (Mensaje a la IV Asamblea General de F.I.J.C., AAS, LII, 1960, pág. 54).

Tejed la red de vuestras activas amistades cada vez más estrecha a través del ancho mundo. Cada uno de vuestros países tiene sus problemas particulares, cada una de vuestras organizaciones nacionales tiene sus características propias. Pero todos vosotros trabajáis en la propagación del Reino de Dios en vuestros diferentes ambientes rurales, cada uno empleando en servicio de su hermano el don de Dios que ha recibido para hacerle fructificar en el servicio del bien común. Muchos, entre vosotros, respondiendo ya al llamamiento de Su Santidad Pío XII, de venerable memoria, en su encíclica Fidei Donum, han prestado la entusiasta colaboración de su competencia y sacrificio a los movimientos juveniles agrícolas y rurales de las naciones africanas. Otros con sus sacrificios han facilitado la venida a este Congreso de los representantes de lejanos países en los que continuarán sus beneficiosas consecuencias. Alentamos vivamente todos esos esfuerzos invitándoos a intensificarlos más todavía para servir a la Iglesia de Dios.

Permitidnos deciros, asimismo, lo que confiamos recientemente a los delegados de la F.A.O. que vinieron a visitarnos: «Originario Nos mismo de un hogar rural, hemos visto con nuestros ojos en los años de nuestra juventud, y no lo olvidaremos nunca, lo que son las fatigas y las penas de los que se entregan al trabajo de la tierra. Contribuir a aligerar la carga. a proporcionar un poco más de bienestar a los que procuran el pan a los demás hombres es también una hermosa obra de misericordia y muy digna de ser estimulada y alabada« (Discurso a la F.A.O., 2 de noviembre de 1959).

Conforme a los Objetivos de vuestro movimiento ayudad, pues, lo más posible a ese ambiente rural vuestro para que adquiera conciencia de sus aspiraciones y necesidades, para orientarlas hacia una perspectiva cristiana, la única que da la verdadera dimensión. Ayudad a los jóvenes del campo a que inserten las exigencias del Evangelio en la trama de su vida de cada día, tanto en su vida espiritual individual como familiar, social y profesional. Ayudad a los agricultores y a todos los campesinos «que viven en contacto con la majestad de la naturaleza» a tener «el alma atenta a la presencia de Dios» (Discurso del 18 de noviembre de 1959 a los agricultores). Conscientes de vivir así bajo su bienhechora mirada, sed sus testigos vivos, enraizados en la fe, gozosos en la esperanza y desbordantes de caridad, como verdaderos hijos de Dios.

Al formular este voto paternal, que queremos confiar a la Virgen de Lourdes, invocamos de todo co­razón sobre todos vosotros, queridos hijos e hijas de la Juventud agrícola y rural católica, sobre vuestros abnegados consiliarios y vuestras familias, como pren­da de abundantes gracias, una copiosa Bendición Apostólica.


* AAS 52 (1960) 469-472. Discorsi, messaggi, colloqui, vol. II págs. 378-381.

 

 

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