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RADIOMENSAJE DEL PAPA JUAN XXIII
CON MOTIVO DEL NUEVO TRANSMISOR
DE RADIO SUTATENZA DE COLOMBIA
*


Domingo 12 de junio de 1960

¡Amadísimos Hijos de Colombia!

Hace siete años Nuestro Predecesor, de feliz memoria, inauguraba con palabras de felicitación la nueva Esta­ción de Radio Sutatenza. A Nos en este día cabe la satisfacción de enviar un cordial saludo a todo el amadísimo pueblo colombiano, a través del nuevo y poderoso transmisor que viene a potenciar la labor —ya cargada de frutos— de las Escuelas Radiofónicas.

A beneficio de una parroquia «Acción Cultural Popular» empezó su actividad en favor de la instrucción religiosa y de la formación específica, profesional y humana, de los campesinos. Y en este año las parroquias que han adoptado sus escuelas se acercan ya al millar, y son casi un millón los alumnos o personas que reciben su benéfica influencia. ¡Qué de bienes ha procurado la iniciativa de un celoso sacerdote al servicio del pueblo!

«Cuantos han sido maestros de multitudes en el bien —dice el Espíritu Santo— resplandecerán por siempre como estrellas en el firmamento » (Dn 12, 3). Tened la firme convicción de que para conseguir hombres laboriosos y honestos, útiles a la familia y a la sociedad, no hay otro camino ni otro método más seguro que el de hacerlos, sobre todo, fieles adoradores de Dios. Base de auténtico progreso es la verdad religiosa que sublima toda cultura humana.

La Iglesia, además, que busca la perfección del hombre en todos sus aspectos, ha sido la gran educadora de todos los tiempos: conservó la cultura antigua en sus monasterios y cenobios : en la edad media atendió a la enseñanza en todos sus grados; en la era moderna abrió las primeras escuelas públicas, y a las tierras de misión va con el evangelio, con las artes y las ciencias. Por esto, ella que, hoy como ayer, funda universidades en el nuevo mundo, en el momento actual tampoco quiere ni puede quedar ausente de la propaganda de la verdad entre el pueblo y de la promoción de las gentes menos formadas.

Radio Sutatenza es buena prueba de esto; es honra de la Iglesia y gloria de Colombia; realiza un verdadero apostolado y rinde un nobilísimo servicio a la patria; servicio en favor de los humildes que Nos place en esta ocasión relevar y que Pastores de almas piensan adaptar incluso a otros países.

La evolución rápida de la sociedad moderna supone el cumplimiento de no fáciles deberes para los cuales el hombre no se ha de considerar preparado si le falta una instrucción básica y una educación suficiente: sin éstas no podrá el ciudadano afrontar las responsabilidades que la participación en la vida familiar, social y política le impone. Bien empleadas serán, pues, amados campesinos de Colombia, las horas libres del cultivo de vuestros campos que dediquéis a la escuela. Serán horas preciosas en que, sin separaros del hogar, podréis proveer a la elevación de vuestro espíritu satisfaciendo al mismo tiempo las aspiraciones de belleza y bondad que toda alma alimenta y valorizando además las riquezas de un patrimonio nacional de secular sabiduría y de fe arraigada.

Que Radio Sutatenza sea instrumento para que «todos alaben el nombre del Señor, porque solo su nombre es sublime, su gloria sobrepasa la tierra y el cielo» (Sal 148, 13). Y que el nuevo Transmisor sea a su vez portador del mensaje del Altísimo que «manda sus órdenes a la tierra y cuya palabra corre veloz» (Sal 147, 15): mensaje de paz y de amor, de justicia y de perdón, de verdad y de luz.

No Nos resta, os diremos con el Apóstol (2Ts 3, 1), sino invitaros a rezar para que la palabra del Señor se difunda deprisa y sea ensalzada «ut sermo Dei currat et clarificetur», y que esa palabra esparcida por las ondas de la Radio a través de vuestras pintorescas cordilleras, de lo alto del claro cielo, caiga sobre vuestras almas como la semilla en el surco fecundo que da el ciento por uno (cf. Mt 13, 22, 23).

Vaya Nuestra Bendición a la Jerarquía Episcopal y Autoridades civiles de ese país, a la nueva Emisora, a los Directivos, colaboradores y simpatizantes de Radio Sutatenza, y a los colombianos todos muy queridos.


* Discorsi, messaggi, colloqui, vol. II págs. 403-405.

 

 

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