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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN XXIII
A LOS PARTICIPANTES EN EL II CONGRESO MUNDIAL  SOBRE LOS BARCOS PESQUEROS*

Viernes 10 de abril de 1959

 

Nos os damos de todo corazón la bienvenida, señores. Miembros del segundo Congreso Mundial sobre los barcos pesqueros, reunido en Roma durante estos días bajo el patrocinio de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

La finalidad que os proponéis con estas tareas no es puramente técnica o económica. Tiene un carácter eminentemente humano, como es el de proveer a mejorar las condiciones de vida de los pescadores, estos hombres que en todo tiempo llevaron una existencia sumamente dura.

Los organizadores de vuestro Congreso han querido reunir, en efecto, a los constructores de barcos, arquitectos navales, navieros y pescadores, para que estudien juntos los cambios que deben introducirse en la construcción de los pesqueros con el fin de aumentar la seguridad y el bienestar de quienes van a bordo. Nos deseamos de todo corazón que estos esfuerzos se vean coronados por el éxito, ya que la Iglesia, como Madre atenta, se interesa por todo lo que se refiere al bien espiritual y temporal de sus hijos. ¿ Y cómo poder olvidar que Jesucristo, al venir a la tierra para enseñar y salvar a los hombres, quiso elegir a la mayor parte de sus Apóstoles, entre los pescadores del lago de Tiberíades, y utilizar en muchas ocasiones su milagroso poder en favor de esta humilde categoría de trabajadores?

Nos mismo, en nuestra misiones en Grecia, Turquía y Francia, Nos hemos tenido ocasión de ponernos en contacto con la gente del mar y ver de cerca las dificultades y méritos de estas existencias consagradas a la pesca.

En Venecia, todos los años, la festividad de San Pedro, constituía para Nos motivo de emoción y de consuelo el recibir de manos de la corporación de pescadores el anillo que presentaban a su Patriarca y del que Nos servíamos con alegría para la celebración de la Misa solemne de ese día en la catedral de Venecia.

Con ello Nos queremos deciros que vuestros trabajos cuentan con nuestra máxima benevolencia y que Nos invocamos de todo corazón sobre ellos la abundancia de las bendiciones divinas.


*ORe (Buenos Aires), año VIII, n°381 p.3.

 

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