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PALABRAS DEL SANTO PADRE JUAN XXIII
EN LA FIESTA DE LA PURIFICACIÓN


Martes 2 de febrero de 1960

 

Queridos hijos:

Esta sencilla ceremonia está llena de dulzura y de gracia. Y su simbólica significación se hermosea con el pensamiento de mil y mil luces que esta mañana, a los cuarenta días del nacimiento del Salvador, se encendieron en todos los puntos de la tierra.

Nos habéis traído el reflejo de aquellas luces, queridos hijos; mientras que al expresar vuestras felicitaciones nos ha parecido oír, como un eco, la alegre repetición prolongada del cántico del viejo Simeón: Lumen ad revelationem gentium.

Acogemos, por tanto, vuestro don con inmenso placer. En realidad, lo esperábamos desde hace días, pensando también que serviría no sólo para ornamento de nuestra casa sino también como una invitación general a la oración que irradia entusiasmo y valor.

Ayer, en la fiesta litúrgica de San Ignacio, obispo de Antioquía, la primera sedes Patri, que Nos visitamos ya el 12 y 13 de septiembre de 1939, y donde los seguidores del Evangelio empezaron a llamarse cristianos, nuestro espíritu, todavía emocionado por la ceremonia del domingo en San Pedro, buscó en las efusiones de la liturgia eucarística las palabras y el latido de acción de gracias a Dios por el Sínodo Romano clausurado felizmente.

Esta mañana, al acercarnos al altar de la capilla doméstica para la misa matutina, hicimos la consagración de nuestra humilde existencia al Concilio Ecuménico y decidimos que estas candelas tan majestuosas y tan artísticamente trabajadas, vayan por los caminos del mundo buscando los santuarios más célebres de todas las naciones, erigidos por la piedad del pueblo en honor de Jesús, María y José y de los santos Apóstoles y Confesores más distinguidos. Y confiamos que ellos, en tales santuarios, sean una invitación para los fieles de toda raza y de toda lengua a unirse al Papa en la oración, para que la preparación y el desarrollo del futuro Concilio señalen, como el paso del Ángel del Señor en todas las almas, una renovación de energía, una palpitación de caridad, una elevación hacia le Iglesia santa, católica y apostólica, como Jesús la quiere en la unidad del rebaño y del Pastor.

Queridos hijos, secundadnos, dejando hacer al Señor; recordad y repetid también vosotros la expresión litúrgica: Senex puerum portabat: puer autem senem regebat.

El Señor ha acostumbrado a la Iglesia a estas formas de gracia, a estas maravillas de unidad, de alegría y de paz.

 

 

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