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DISCURSO DE SU SANTIDAD JUAN XXIII
AL CARD. GUSTAVO TESTA, LEGADO PONTIFICIO
PARA EL CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL DE MUNICH
*

Sábado 30 de julio de 1960

 

Señor Cardenal:

¡Sentimos tanta alegría al recibiros a punto de partir en noble comitiva con los dignísimos Prelados y Dignatarios que constituyen la Misión Pontificia destinada al inminente Congreso Eucarístico Internacional de Munich!

Siempre está vivo el recuerdo, que hoy conmueve nuestro ánimo, de las primeras impresiones de joven sacerdote, el 8 de septiembre de 1912, hace cuarenta y ocho años, cuando pasamos por allí por primera vez, entonces peregrino solitario, hacia el Congreso Eucarístico de Viena, que había de suscitar extraordinariamente tan hondas vibraciones de espiritualidad en la Europa cristiana, que, desgraciadamente, la guerra mundial hizo desaparecer muy pronto.

Durante el viaje nos detuvimos en Trento y Munich, antes de Salzburgo y María Zell. Nos impresionó profundamente el carácter sagrado de la ciudad del Concilio, que luego podríamos volver a ver varias veces y siempre con gran alegría. Pero la aparición y la visita a Munich fue encanto para nuestros ojos, atraídos por el orden y cordialidad de sus amables habitantes, por la riqueza de sus monumentos religiosos y civiles y por sus museos de arte antiguo y moderno.

Es fácil imaginar lo que será Munich en estos días.

La cortés y generosa amabilidad de nuestro venerable hermano el señor Cardenal Arzobispo José Wendel, intérprete también del deseo de los Señores Cardenales, Arzobispos y Obispos de Alemania, fue una amable tentación a una intervención directa de nuestra humilde persona en la manifestación eucarística mundial, que Munich prepara en honor y adoración de Jesucristo, rey glorioso e inmortal de los siglos y pueblos.

Pero también las razones del corazón siguen las sugerencias de la prudencia serena y confiada.

Vuestra presencia, señor Cardenal, como nuestro Mensajero Pontificio "a Latere" durante la celebración del gran acontecimiento recordará nuestro humilde nombre como señal de paternidad universal y sagrada.

En la hora más solemne de la manifestación religiosa nuestra voz llegará a través de las ondas del éter a la inmensa muchedumbre de los reunidos en Munich, así como a todos los que estarán a la escucha en todas las partes de la tierra. A tan gran progreso en las comunicaciones nos han llevado las profundas investigaciones de todas las energías de la naturaleza.

Pero en estos días será más intensa en Munich la participación de nuestro corazón en unión constante y solicita de oraciones implorando los bienes espirituales por todo el mundo, "pro mundi vita"; por el mundo necesitado de gracia celeste, de luz y de paz. Oración que será más ferviente por todos los hijos especialmente nuestros, pero oración que es cotidiana y ardiente también por los otros innumerables que, perteneciendo a Cristo, cuyo nombre y evangelio conservan, sin embargo, viven diferentemente y en grupos religiosos separados de aquella Iglesia que durante dieciséis siglos fue la Iglesia de sus padres y que Jesús llamó explícitamente su Iglesia en el memento de declarar a Pedro su fundamento y de confiarle el gobierno de ella.

¡Señor Cardenal, queridos hijos! Llevad a las poblaciones que os acojan y a todos los peregrinos de Munich nuestro saludo como expresión de confianza cordial y amable estímulo.

Que vuestro viaje sea feliz y lo sea más vuestra estancia: sean benditos vuestros pasos y vuestras palabras. Os confiamos un pequeño secreto de nuestra alma. Para honrar el nombre que la Providencia nos inspiró y para acompañar mejor a las reuniones triunfales de Munich, queremos que nuestra atención devota y piadosa se detenga en el capítulo III de San Mateo y en el VI de San Juan.

En el primero se lee el elogio del Precursor; en el segundo se descubre el misterio de Jesús en la promesa de la Santísima Eucaristía.

¡Qué grande y qué fuerte San Juan Bautista que no se doblega, que no calla ni se espanta! Por eso durante los siglos y en toda circunstancia sigue siendo un estímulo y un ejemplo.

Hemos de pensar que sólo la multiplicación de hombres de este temple, que escuchan y viven las palabras de Jesús, puede darnos confianza en el florecimiento de las virtudes naturales y sobrenaturales que la Santísima Eucaristía asegura y nutre.

Este es el punto culminante de la doctrina católica, que será señal luminosa del Congreso de Munich: "pro mundi vita". La palabra y los ejemplos de Jesús, su Cuerpo y Sangre, todo "pro mundi vita"; como alimento supersustancial de las almas y de los pueblos, que es tanto como decir luz para el entendimiento, energía para la voluntad, valor intrépido en las pruebas y siempre la manifestación sincera y universal de santa y beneficiosa fraternidad.

¡Queridos hijos, ánimo! El Evangelista termina el capítulo VI de su Evangelio con severas y tristes palabras: "Desde entonces varios de sus discípulos se retiraron y ya no le seguían". Nosotros repetimos a todos, y se lo decimos de corazón: ¡Animo siempre! A pesar de todo, el número de los discípulos va en aumento y en torno a Cristo maestro, a Cristo paciente, a Cristo Eucarístico se multiplican las almas robustas y generosas que merecen muy bien tener por patronos a los dos Juanes, para Nos tan queridos, el Bautista y el Evangelista, a quienes invocamos para que os acompañen en vuestro viaje, señor Cardenal y queridos hijos, y en vuestra alegre y pacífica misión.

 


* Discorsi, messaggi, colloqui, vol. II, págs. 448-451.

 
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