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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN XXIII
A VARIOS GRUPOS DE PEREGRINOS
*

Lunes de Pascua, 3 de abril de 1961

 

Queridos hijos de la obra de los "Petits Sapins":

Vuestra presencia junto a Nos, en este lunes de Pascua, proporciona una dulcísima alegría a nuestro corazón de padre y nos sentimos muy dichosos en haceros esta confidencia. Habéis venido en peregrinación a Roma conducidos por el fundador tan celoso de vuestra obra, para celebrar el trigésimo aniversario de esta magnífica institución, cuyos méritos queremos resaltar ante vosotros y los demás grupos de peregrinos que participan en esta audiencia.

¡Qué desarrollo verdaderamente bendecido por Dios han alcanzado las obras que llevan el emblema del "petit sapin" durante esas tres décadas! Parques, hogares, casas de recreo, pabellones, casa de salud para niños y adolescentes, acogida a los desamparados, a los "sin techo" para alojarlos, vestirlos y alimentarlos; obra de "pequeñeces" que permite a cada uno entregar lo superfluo de sus bienes para procurar a los necesitados lo indispensable, abnegación de los dirigentes, sacerdotes, religiosas y seglares; colaboración infatigable de los instructores; cooperación activa de numerosos bienhechores y amigos que han querido unirse a esta peregrinación y manifestar así los estrechos vínculos que os unen a todos en esta gran familia de la caridad fraterna.

Qué alegría pascual, queridos hijos, inunda vuestros corazones en estos días benditos de gracias y cuán dóciles os hace a todos la llamada apremiante del apóstol Pablo a los cristianos de Efeso: "Hermanos: sed imitadores de Dios como hijos muy amados y vivid en la caridad" (Eph. 5,1,2.)

Vivir en la caridad como hijos muy amados es la consigna que queremos repetiros citando las palabras del Papa San León Magno: "Cristo ama a la infancia cuya alma y cuerpo llevó; Cristo ama a la infancia maestra de humildad, norma de la inocencia, modelo de dulzura. Cristo ama a la infancia, a ella dirige a los hombres de más edad, a ella conduce a los ancíanos, la pone como ejemplo a todos los que Él exalta al Reino eterno" (VII Sermón de la Epifanía)

Que en estos días en que vivimos más especialmente el misterio pascual sepamos pedir al Señor estas virtudes de humildad, inocencia y dulzura que son propias de los hijos de Dios redimidos por Cristo Jesús. Que Dios, que nos envió a su Hijo para revelarnos que es nuestro Padre y "darnos el poder de ser hijos de Dios" (Io. 1, 12) os haga fieles a esta sublime vocación.

¡Queridos hijos! Que el Señor ayude a los más jóvenes a desarrollarse en esta atmósfera cristiana de afecto, alegría y confianza que reina en vuestras comunidades. Que dé a los mayores la gracia de cumplir plenamente lo que Dios y la Iglesia esperan de ellos por la docilidad a su vocación personal. Que sostenga a los educadores en su tarea tan pesada como insustituible, para que sepan formar progresivamente las conciencias, alimentar las inteligencias y afianzar las voluntades, ayudando a cada uno de los que tienen a su cargo a descubrir en una correspondencia cada vez más generosa y una disponibilidad total a las inspiraciones de la gracia su puesto único e insustituible en el plan de Dios. Que bendiga a todos los que os ayudan y os prodigan con sus donativos materiales y actividad desinteresada su afecto beneficioso y apoyo fraternal. Finalmente, que a todos, según los deseos del Apóstol San Pablo a los cristianos de Roma, "el Dios de la esperanza os conceda en plenitud la alegría y la paz en la fe, para que sobreabunde la esperanza en vosotros por la virtud del Espíritu Santo" (Rom. 15, 13).

 

Y ahora, queridos hijos del "Centro Richelieu", unas palabras para expresaros nuestra satisfacción de encontraros hoy. En efecto, vuestra presencia nos trae tantos preciosos recuerdos vinculados a nuestra Nunciatura en Francia, donde tuvimos por dos veces la alegría de presidir importantes manifestaciones que vosotros mismos os cuidasteis de organizar.

Vuestra presencia nos depara la ocasión de deciros cuánto apreciamos, queridos hijos, vuestra preocupación por desarrollar vuestra formación religiosa, al mismo tiempo que la cultura intelectual que os facilitan inteligentemente los profesores de la prestigiosa Sorbona. Esta preocupación es la que os hace asiduos a las clases de teología, a las conferencias morales y sociales y a los grandes debates sobre temas religiosos organizados por el Centro Richelieu. Os felicitamos por ello, así como por vuestra asiduidad en asistir a los ejercicios espirituales, que os están destinados y en convertiros en inspiradores de hermosas iniciativas apostólicas, tales como la memorable velada en Notre Dame de París, donde os uníais por millares en una oración fraterna a Nuestro Señor Jesucristo por la paz del mundo.

De este modo aseguráis con vuestros hermanos de la Juventud de Estudiantes Católicos una presencia indispensable en .el ambiente universitario de París. Frente a las corrientes ideológicas más diversas que se disputan la atención de una élite intelectual que procede de los cuatro puntos cardinales, afirmáis con vuestro ejemplo el valor perenne del Catolicismo y dais una nueva prueba de su vitalidad.

Que Cristo resucitado de Pascua os bendiga, queridos hijos, y os dé fuerza y valor para seguir siendo en medio de vuestros camaradas de las Facultades parisienses la "luz" (Math. 5, 14) que los conduzca hacia Él!

 

Unas afectuosas palabras, por último, queridas hijas, que pertenecéis a la asociación espiritual de las viudas y habéis querido venir a orar en estas fiestas de Pascua junto al sepulcro de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, y a participar en el mismo centro de la cristiandad en la alegría de los fieles que celebran la Resurrección de nuestro divino Salvador.

¡Sí, el Señor os llama también a vosotras al gozo y a la cruz!

Vuestra dolorosa prueba puede también ser con el sufrimiento aceptado cristianamente, soportado con valor y ofrecido generosamente, fuente, misteriosa de gracias. Recordad la carta del Apóstol Pablo a los cristianos de Colosas: "Ahora me gozo con los sufrimientos que padezco por vosotros y cumplo en mi carne lo que falta a la pasión de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia" (Col. 1, 2.4).

Habéis venido. en peregrinación a Roma de diferentes regiones de Bélgica, Francia e Italia con un gran espíritu de fe. No hay duda de que Dios bendice vuestro gesto y os ayuda a comprender mejor la significación de vuestra prueba y vuestro puesto dentro del Cuerpo Místico.

Sabed, queridas hijas, que tenéis un lugar escogido en nuestro corazón paternal con los niños que están a vuestros cuidados y que constituyen vuestra preocupación al mismo tiempo que vuestro legítimo, orgullo. De todo corazón os encomendamos a Dios en nuestras fervientes oraciones por todas vuestras intenciones, espirituales y materiales, y os bendecimos.

Estos son los votos, queridos hijos e hijas de los "Petits Sapins", del "Centro Richelieu" y de la "Asociación Espiritual de las viudas" unidos fraternalmente este lunes de Pascua en Roma, que queremos formular por vosotros y confiar a la bondad paternal del Todopoderoso.

Y de todo corazón, como prueba de nuestra gran benevolencia, invocamos sobre vosotros y sobre todos los que os son queridos, la abundancia de los divinos favores, en prenda de los cuales os concedemos nuestra afectuosísima Bendición.


* Discorsi, messaggi, colloqui, vol. III, págs. 193-197.

 

 

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