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SALUDO DEL PAPA JUAN XXIII
A LOS REPRESENTANTES DE LA FAO
*

Miércoles 22 de noviembre de 1961

 

Queremos dirigir algunas palabras de bienvenida a un grupo de delegados que han tomado parte estos días en la XI Conferencia General de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

El lunes último, como un anticipo de la dulzura del encuentro de este día, tuvimos ya el placer de recibir al presidente de esta institución, que une a los representantes de más de cien naciones para estudiar los medios más eficaces en orden a suprimir en el mundo la plaga del hambre.

Os recibimos aquí hoy, queridos señores, con particular satisfacción, porque los nobles fines que persigue vuestra organización, la F. A. O., merecen la estima y el respeto de cuantos tienen en su corazón, verdaderamente, preocupación por el bienestar de sus hermanos.

Conocéis todo el interés que hemos concedido, desde el principio, a vuestros trabajos. Nos mismo hemos tenido a bien consignarlos en un documento solemne de nuestro magisterio, la reciente encíclica Mater et Magistra, y hemos sido muy sensibles al eco de simpatía que esta mención ha encontrado cerca de vuestra Organización.

El mundo de hoy aspira a dos grandes bienes, que son: la paz y el pan. La paz tiene su fuente en la fidelidad del hombre a las peticiones del Padre nuestro; aquélla produce, a su vez, como su fruto natural, el bienestar que nosotros sabemos es don de la Providencia: el pan nuestro... dánosle hoy. Y se puede decir que la una entraña al otro, porque quienes trabajan en dar a la humanidad la paz, siempre amenazada mientras subsista el grave desequilibrio económico actual entre las naciones, contribuyen por el mismo hecho a procurar el pan a centenares de millones de hombres subalimentados.

Tal es la condición esencial para que vuestra acción sea verdaderamente eficaz. Haga el cielo, queridos señores, que los pueblos puedan vivir en paz sobre la tierra y encontrar así el pan que les es necesario. Tal es el voto que formulamos de todo corazón e invocamos sobre vuestras personas y vuestras actividades las mejores bendiciones divinas.


* AAS 53 (1961) 814.

Discorsi, messaggi, colloqui, vol. IV, págs. 58-59.

 

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