DISCURSO
DEL PAPA JUAN XXIIII
AL SR. D. MAURICE YAMÉOGO
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL ALTO VOLTA*
Miércoles 25 de abril de 1962
Señor Presidente:
Es para Nos un gran placer recibiros en visita oficial en el
Vaticano. Recibiendo a vuestra persona Nos hemos considerado que recibimos a
todos los hijos de la noble República del Alto Volta. Y Nos damos gracias
cordiales por este gesto de deferente homenaje.
Y Nos lo hacemos con tanto mayor agrado que todavía recordamos
con emoción las consideraciones especiales y el recibimiento caluroso que el
Gobierno y el amado pueblo del Alto Volta han dispensado a Nuestro enviado
extraordinario, en ocasión de los recientes festejos de la independencia. Nos
hemos apreciado las declaraciones que Vos, Señor Presidente, habéis hecho en esa
oportunidad, así como el homenaje que habéis querido rendir a la obra realizada
por la Iglesia Católica en vuestro país.
Hoy Nos complacemos en saludar vuestra presencia como una
primicia muy grata a Nuestro corazón. ¿No es acaso natural que aquel que es
llamado el Padre Común tenga sus brazos ampliamente abiertos para recibir a los
Jefes de Estado y que sea para El un grato deber honrarlos y alentarlos? ¿Y cómo
no va a desear recibir a los dirigentes de las naciones africanas recientemente
incorporadas al concierto de los pueblos independientes?
Nos miramos sin cesar hacia el África, continente lleno de
promesas. Entre tantos pueblos por los que Nos sentimos igual predilección, los
habitantes del Alto Volta se hacen estimar por su dedicación al trabajo y por su
habilidad en distintos campos. Nos conocemos los esfuerzos que este pueblo ha
realizado para robustecer su unidad interior, para fomentar un noble concepto de
la autoridad y para implantar instituciones familiares y sociales más conformes
con la dignidad de la persona humana. ¡Ojalá que esta feliz evolución se ahonde
y se amplíe!
Nos hacemos también votos, Señor Presidente, para que un
desarrollo económico constante y equilibrado, fundado sobre sanas
consideraciones de la realidad, contribuya a mejorar la situación de vuestro
país, y para que éste reciba un impulso decisivo gracias a la ayuda generosa y
desinteresada de las naciones más favorecidas. Porque estos son los caminos del
auténtico progreso y de la verdadera independencia. La concordia de los
ciudadanos y la prosperidad material, el desarrollo cultural, social y religioso
forman la grandeza de una nación y le aseguran el lugar que le corresponde en el
concierto de las naciones.
Nos complacemos en reiterar a Vos la seguridad de que por su
parte la Iglesia Católica, gracias a la feliz situación de que goza en el Alto
Volta, continuará contribuyendo leal y diligentemente a la realización de estos
votos.
Con estos sentimientos, Nos pedimos que sobre vuestra persona,
Señor Presidente, y sobre los distinguidos personajes de vuestro séquito y sobre
vuestro país desciendan ampliamente los favores celestiales, en prenda de los
cuales Os impartimos de todo corazón una particular Bendición Apostólica.
*ORe (Buenos Aires), año XII, n°507, p.1.
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