DISCURSO
DEL PAPA JUAN XXIII
A LOS
PARTICIPANTES EN EL III CONGRESO INTERNACIONAL DEL TURISMO SOCIAL*
Sábado 26 de mayo de 1962
Estimados Señores :
Habéis querido venir aquí a rendirnos vuestro homenaje de
cortesía al terminar el tercer Congreso Mundial de Turismo Social inaugurado en
Milán. Nos satisface deciros que agradecemos este gesto delicado y que Nos os
felicitamos por estudiar seriamente los numerosos problemas que plantea el
desarrollo del turismo y su difusión cada vez mayor en todas las clases
sociales.
Hojeando el folleto que enumeraba vuestros trabajos, Nos hemos
notado con satisfacción la importancia atribuida al turismo social como "medio
de elevación cultural, de empleo sano del descanso y de educación de la
juventud". Veis justamente que juega un importante papel en la sociedad. Y
vuestras reuniones periódicas ven aumentar cada vez más la participación de
todos aquellos que están interesados en las amplias proporciones tomadas por el
fenómeno del descanso en el mundo actual.
Problemas materiales de transportes, de alojamiento, de
financiación; dificultades que se encuentran para escalonar en el tiempo las
vacaciones de los trabajadores; servicios que deben crearse o perfeccionarse
para facilitar los contactos entre los distintos países: todos estos problemas
bien merecen concentrar sobre ellos vuestra atención y estimular vuestra
colaboración.
Es efectivamente una feliz consecuencia del incremento del
bienestar material en el mundo el permitir a numerosas categorías sociales
sustraerse temporáneamente del yugo del trabajo cotidiano y disfrutar de una
libertad legítima, para enfrentar después con renovadas energías las
preocupaciones de la vida de todos los días. Es muy justo que una parte de este
tiempo libre se consagre a la diversión y procure la pausa necesaria al espíritu
y al cuerpo cansados por el trabajo del resto del año. Pero es necesario también
que el descanso fomente el desarrollo de los valores constitutivos de la persona
humana y facilite una verdadera y auténtica vida social entre los hombres. Todos
sabemos, en efecto, que el descanso mal empleado puede originar el aburrimiento,
el desengaño, los desarreglos y, a veces, el envilecimiento, cuando debería
aportar un aumento de felicidad y de equilibrio.
Por eso es importante promover la difusión de un verdadero
turismo social, pero no en el sentido de una organización que trate de impedir a
la gente que elija libremente su descanso, sino que resulte una ayuda que le
permita utilizar mejor las posibilidades y salvaguarde los lazos familiares y la
indispensable intimidad del hogar. ¿Quién no comprende, por otra parte, los
beneficios que ofrecen los contactos entre hombres que el trabajo condenaba a
vivir sin conocerse recíprocamente, conocer otros pueblos y sus costumbres,
comprender y apreciar otras formas de vida, ayudarse mutuamente, para todo lo
cual el turismo ofrece numerosas ocasiones de realización?
En estas condiciones, el turismo social favorecerá un desarrollo
que enriquezca la personalidad y permitirá superar el egoísmo individual y
colectivo. Facilitará también la unión de la gran familia humana, creando entre
sus miembros una percepción más aguda de la solidaridad profunda que los une. Y
sobre todo los promotores del turismo social no deberán olvidar los valores
espirituales en los que la persona halla su cabal perfección.
Poner en práctica las facultades contemplativas que el vivir
diario no permite ejercer, preocuparse por la vida espiritual y dar un lugar
correspondiente a los deberes religiosos serán los factores esenciales de ese
enriquecimiento armonioso que el descanso entendido sanamente puede aportar a la
personalidad.
Preocupaos, estimados Señores, por trabajar con estas
finalidades. Ayudaréis así a los hombres a cumplir mejor con su vocación y a
lograr también aquí abajo la dicha para la cual fueron creados y que ellos la
aumenten compartiéndola. Con estos sentimientos Nos pedimos con gran afecto que
se derrame sobre vosotros y sobre vuestras familias la abundancia de los favores
celestiales, en prenda de los cuales Nos os damos Nuestra Bendición Apostólica.
*ORe
(Buenos Aires), año XII, n°512, p.3.
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