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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN XXIII
A LOS FRAILES MENORES Y MIEMBROS DE LAS OBRAS ANTONIANAS
*

Basílica Vaticana
Domingo 3 de junio de 1962

 

Queridos hijos:

Al recibir con gran alegría a la familia franciscana de los Frailes Menores Conventuales y a la peregrinación de los dirigentes y miembros de las obras que florecen en torno al "Santo" en la querida ciudad de Padua, brota de nuestro corazón una viva emoción llevada por la ola de los recuerdos.

Conocemos la Asociación de "El Mensajero de San Antonio" desde los años de nuestra juventud y hemos podido experimentar qué singular atractivo ejerce la. figura del Santo en las almas.

Cuando la Providencia nos llevó a las florecidas orillas del Bósforo pudimos tener relaciones más estrechas de apostolado con los hijos del Poverello de Asís y nos alegramos de comprobar que con su excelente trabajo ellos supieron ganarse una profunda simpatía entre aquellas cristiandades y también entre los hermanos orientales y los no cristianos. Todavía conservamos notas de los discursos que dimos en la iglesia de Santa María Draperiis en las fiestas del centenario en honor de San Antonio —entonces nos dirigimos allá desde Sofía, donde nos retenía el cargo de delegado apostólico— y mucho antes en la Basílica del Santo, en Estambul, en el vigésimo quinto aniversario de la consagración allí de aquél templo. Fueron ocasiones de ahondar provechosamente en la vida y los ejemplos del Santo para edificación nuestra y de tos fieles que nos escuchaban, así como de reiterados y más profundas relaciones de estima que fueron siempre haciéndose más frecuentes con los buenos religiosos.

Cuando la voluntad de nuestro Predecesor Pío XII, de venerada memoria, quiso llamarnos a la Cátedra Patriarcal de San Marcos, siguió sin romperse aquel hilo de oro unido tantos años antes con nuestras frecuentes visitas a la Basílica de Padua. Ahora habéis querido ofrecernos la recopilación de los discursos que tuvimos ocasión de dirigiros en aquel período de sagrado ministerio en Venecia.

Es, pues, éste un encuentro familiar, como de quienes se conocen de antiguo, el que hoy se celebra junto al Sepulcro del Príncipe de los Apóstoles y nos es grato dirigiros la palabra en este domingo entre la Ascensión y Pentecostés en  la novena del Espíritu Santo.

La Iglesia está en oración y esperando al Divino Paráclito con intenso y santo fervor que se siente más por la inminencia del Concilio Ecuménico.

La coincidencia de fechas exige, conforme al sensus Ecclesiae que se suprima toda manifestación litúrgica en honor de San Antonio, así como de otros santos, cuyas fiestas se celebren durante la octava de Pentecostés. Esto no impide, por lo demás, la manifestación de la piedad popular al Santo taumaturgo, siempre dentro de los justos límites. Cada uno —lo repetíamos ayer— tiene sus manifestaciones particulares de culto, de recuerdos, de aplicaciones prácticas, pero todo debe converger en la adoración de la Santísima Trinidad y en honor preeminente del Verbo Encarnado en el misterio de amor de la Santísima Eucaristía y de la irradiación prodigiosa de su Nombre, de su Corazón y de su Sangre.

El presente encuentro se celebra en esta luz de dulce espera de las fiestas culminantes del año litúrgico y nos es grato notarlo.

Han sido anunciados veinte mil peregrinos. Esto representa una considerable reunión de cristianos, de todas las edades y profesiones, procedentes de Italia especialmente, pero con representaciones de todo el mundo; cristianos en la profesión de la doctrina y en la conducta ejemplar de la vida: todos marcados con aquella primera señal de victoria que fue impresa en cada uno el día del bautismo, y por lo mismo, comprometidos todos a caminar conforme al deseo amable y solemne que el sacerdote formuló en nombre d' la Iglesia: "Vade in pace et Dominas sit semper tecum", vete en paz y que el Señor sea siempre contigo (Rit. Rom. Ordo Baptismi parv.).

Precisamente aquí agrada recoger el significado de la peregrinación de hoy. De hecho, ¿qué grandes cosas ha hecho el hijo de Portugal. luego San Antonio de Padua, durante diez años en que se desarrolló su actividad en beneficio de las almas? Haber sido su heraldo, su portavoz, su fiel pregonero. El no atraía hacia sí mismo ni hablaba de sí mismo, sino atraía hacia Cristo.

El germen de gracia sembrado en él por el Bautismo con las virtudes infusas y dones del Espíritu Santo —como ocurre en todos los cristianos— dio para Dios el ciento por uno. Siendo fiel a la señal recibida fue trasformado de caridad en caridad en la imagen divina par el Espíritu del Señor (2Co 3, 18) y esparció en torno suyo el encanto de su persona, que vivía para Cristo, según la expresión del Apóstol: "Christi bonus odor sumus Deo", somos el buen olor de Cristo para Dios, para los que se salvan y para los que perecen (2Co 2, 15).

Mirad, queridos hijos e hijas, también para vosotros éste es el principal deber: vivir las promesas del Bautismo en obsequiosa fidelidad a la gracia divina; atraer a la fuente de la verdad, de la pureza y de la perfección, que es Cristo.

Cada uno según el impulso de la gracia y el grado de la vocación propia, pero todos con la firme voluntad de dar testimonio del Divino Fundador del cristianismo, que es esencialmente vida de Dios en el hombre y espera en el hombre de la vida celestial.

La misión de Antonio fue grata a Dios. Prueba de ello son las singulares manifestaciones de poder divino que la acompañaron. Todos nosotros no podemos esperar otro tanto, pero ciertamente cooperar en el Reino de Dios es ya un gran privilegio y tiene algo de prodigio. Esto es lo que la Iglesia espera de vosotros; ésta es la consigna que os confía hoy el humilde Sucesor de Pedro junto a su sepulcro.

En los apuntes de predicación, que llevamos a cabo en Estambul en la Basílica de San Antonio, hallamos consignadas estas palabras el miércoles 3 de junio de 1932, que queremos ofreceros como flores de dulce recuerdo:

"No somos católicos para simple satisfacción personal, para adorno de la casa, como título de honor y de nobleza para la familia, sino que precisamente como católicos nos interesamos por el bien de todo el mundo, por la salvación de todos los pueblos y de todos los hombres considerados como hermanos. En todos los corazones debe arder el fuego de la caridad y del apostolado que Jesús vino a traer a la tierra: "Ignem veni mittere ín terram" (Lc. 12, 49); ese fuego del apostolado cuyo símbolo de la llama nos ha representado el arte y que ordinariamente vemos en las manos de San Antonio. Las formas del apostolado son diversas, como diversas las contingencias de la vida, pero también sin vocación especial el espíritu de apóstoles debe estar en todos los corazones."

Queridos hijos e hijas: A treinta años de distancia exactamente, el delegado apostólico de entonces llamado a ser Sucesor del primer Papa, no tiene nada que añadir a aquellas exhortaciones. Este es el espíritu con que debéis vivir vuestra devoción a San Antonio imitando sus ejemplos de doctor y misionero del Evangelio.

Siempre podéis realizar el apostolado de la oración, accesible a todos e insustituible en la economía de la gracia. Podréis siempre realizar el apostolado del ejemplo en un mundo que no se avergüenza de dar malos ejemplos pero los quiere buenos, y muy buenos, de los que se profesan abiertamente cristianos. Hacedlo sin temor, de buen grado, para difundir eficazmente el calor de vuestras convicciones, la serenidad de vuestra fe. Y cuando sea necesario, sabréis también realizar el apostolado de la palabra en estrecha cooperación con la Jerarquía eclesiástica.

Esta es la tarea que se espera de los católicos en la época actual señalada por el Concilio Ecuménico.

Habéis traído a Roma una contribución de oraciones por el feliz éxito del gran acontecimiento. Sea, pues, vuestro propósito de excelente apostolado segura garantía de que el Concilio sabrá encontrar también en vosotros generosas y prontas energías, voluntades vibrantes y humildes, colaboradores valiosos.

En la visión de este radiante horizonte os acompañamos con nuestras oraciones. Auspicio de la continua asistencia del Señor quiere ser el don de la Bendición Apostólica que extendemos de todo corazón a los miembros lejanos, a la querida tercera orden de hijos de San .Francisco, con sus misioneros y misioneras esparcidos por el mundo; a los alumnos de los Estudiantados y a cada una de vuestras queridas familias, para que en todos sea la paz que nace de la correspondencia a la voluntad del Padre celestial. Así sea.


* Discorsi Messaggi Colloqui del Santo Padre Giovanni XXIII, vol. IV, pp. 329-334.

 

Copyright © Libreria Editrice Vaticana

 

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