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DISCURSO DEL PAPA JUAN XXIII
AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DEL SENEGAL,
LÉOPOLD SEDAR SENGHOR*

Viernes 5 de octubre de 1962

 

Señor Presidente:

Es para Nos gran satisfacción recibir hoy al Primer Magistrado de una Nación, a la que Nos amamos por varios motivos y con la cual la Santa Sede mantiene excelentes relaciones.

Desde que la Divina Providencia ha querido hacer de Nuestra humilde Persona el Sucesor de San Pedro y el Jefe de la Cristiandad, Nos hemos seguido con afectuoso interés el progreso de Senegal hacia su independencia y Nos sentimos felices viendo que ocupa el lugar que le corresponde en el concierto de las Naciones.

Nos complace saludar en Vuestra persona, Señor Presidente, a un pueblo amable, trabajador y valiente, muy apegado a sus nobles tradiciones de vida comunitaria, lleno de sabiduría ancestral y sensible a las manifestaciones artísticas. Vuestro país es una tierra de libertad en la cual se vive bien; la Iglesia lo sabe perfectamente, puesto que, actúa libremente en él entre las demás familias religiosas.

Por su feliz configuración geográfica, ¿no es acaso Senegal uno de los puntos de convergencia de los territorios africanos y al mismo tiempo un lugar de confluencia y de intercambio con la vieja Europa y los demás continentes?

Vosotros habéis sabido aprovechar estas condiciones naturales y aplicarlas a la realidad. Nos nos alegramos por ello porque siempre Nos hemos preocupado por alentar los esfuerzos que tienden a reunir los pueblos sobre la base de la justicia, la lealtad y la amistad.

PermitidNos también deciros, Señor Presidente, que Nos apreciamos el valor con que Senegal se encamina hacia un desarrollo económico mejor. Su plan se funda sobre los recursos reales del país y quiere respetar los derechos de todas las personas, aun persiguiendo el bien común de la nación por medio de la colaboración de sus hijos. ¿Cómo no desear a vuestro país una prosperidad que contribuirá a su mejoramiento?

Nos no podemos olvidar que Senegal ha sido el primero entre los nuevos Estados independientes de África que estableció relaciones diplomáticas con la Santa Sede. Nos vemos en este acto el deseo de una colaboración fecunda entre vuestro país y la iglesia y Nos alegramos muchísimo por ello.

Además, Señor Presidente, Nos queremos haceros saber que ayer, durante Nuestro viaje a los Santuarios de Loreto y de Asís, vuestro país y toda África han estado particularmente presentes en Nuestro pensamiento, en Nuestras oraciones y en los votos fervientes que Nos hemos formulado por todas las naciones de la tierra.

Por ello, vuestra amable visita quedará ligada al recuerdo de los ecos de júbilo que la peregrinación apostólica del Siervo de los siervos del Señor ha despertado en el mundo entero.

Ayer por la noche, mientras Asís encendía todas sus luces en manifestación de amor por Dios, de veneración por el santo Pobrecillo y de júbilo por la presencia del Papa, Nos evocamos bajo los esplendores de la fe y del arte de la Basílica papal las imágenes bíblicas de las flores que crecen y que exhalan su perfume por la gloria de Dios (cfr. Eccl. 39, 13-14). Este es el ramillete que esta mañana, Señor Presidente, Nos ofrecemos por vuestro intermedio a Senegal y a toda el África joven, fuerte y muy querida.

Con estos sentimientos, Nos, en prenda de Nuestra particular benevolencia, Nos pedimos con gran afecto que sobre Vos, sobre los miembros del Gobierno y sobre la amada población de Senegal se derramen abundantemente las bendiciones divinas.


*ORe (Buenos Aires), año XIII, n°531, p.6.

 

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