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PABLO VI

ÁNGELUS

Domingo 12 de febrero de 1978

 

Hoy nos encontramos con una palabra del Señor que rectifica y completa el programa fundamental de la actividad humana, admitiendo que dicho programa deba consistir en saciar el hambre que padece el hombre.

El hombre, que somos nosotros todos, es un ser deficiente, es incompleto; para vivir necesita estar reponiéndose continuamente: de aire para los pulmones; de pan y de alimento para el estómago y para su complejo organismo. Es bien sabido. Toda la economía humana, el trabajo, el comercio, la higiene, la salud, el bienestar, todo se organiza para dar al organismo y a la vida humana esta aportación nutritiva, material, es decir, derivada del orden terreno, que simbólicamente podemos denominar pan; y así, todo el ciclo de necesidades humanas parece completo, parece satisfecho. Por necesario y rico que sea, siendo así que satisface este proceso vital, nosotros lo tenemos que llamar material e incluso materialista, en el caso de que delimite en sí mismo el campo de las aspiraciones del espíritu y marque una valla de deslinde alrededor del hombre, una valla que las cosas circunscriben, el tiempo limita y la muerte devora.

Este materialismo que hoy fascina a los hombres y les da sensación de realidad, de seguridad y, por desgracia, de suficiencia, ¿es un sistema de pensamiento y de acción realmente completo y suficiente?

Ciertamente, no. Digamos sobre los tejados lo que nos ha enseñado Cristo en el secreto de la fe.

El hombre es un ser tal que tiene necesidades superiores, por encima de las que experimenta, sufre y satisface con el pan de orden económico, social y político; tiene un hambre espiritual que sólo la Palabra de Dios, la fe, o mejor, Cristo mismo pueden satisfacer y saciar. Esto nos lo recuerda hoy una palabra del Evangelio, y ésta es la que queremos repetir y dejar caer sobre vosotros, género humano: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4, 4)

¿Qué otro anuncio reconoce así la capacidad humana, la amplitud de sus aspiraciones vitales, la posibilidad de encontrar la satisfacción definitiva a la que está esencialmente ordenado, como lo reconoce esta frase? La Palabra de Dios, la verdad religiosa, el Verbo divino hecho carne y alimento sacrificial para nosotros, pueden colmar el "déficit" inexorable del balance humano.

El mismo Jesús que ha multiplicado los panes para saciar el hambre natural del hombre e incluye el saciarlo entre los deberes de la caridad, El mismo nos aconseja encauzar nuestra hambre y nuestra esperanza al pan trascendente por encima de cualquier otra aspiración imaginable, y a la Palabra viva e inmortal de Dios.

Pensémoslo seriamente. Ello es tema para la Cuaresma que se inaugura hoy litúrgicamente. María está cerca y nos enseña.

 

 

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