Hoy nos encontramos con una palabra del Señor que rectifica y completa el
programa fundamental de la actividad humana, admitiendo que dicho programa
deba consistir en saciar el hambre que padece el hombre.
El hombre, que somos nosotros todos, es un ser deficiente, es incompleto; para vivir necesita estar reponiéndose continuamente: de aire para los pulmones; de pan y de alimento para el estómago y para su complejo organismo. Es
bien sabido. Toda la economía humana, el trabajo, el comercio, la higiene, la
salud, el bienestar, todo se organiza para dar al organismo y a la vida humana
esta aportación nutritiva, material, es decir, derivada del orden terreno, que
simbólicamente podemos denominar pan; y así, todo el ciclo de necesidades
humanas parece completo, parece satisfecho. Por necesario y rico que sea, siendo
así que satisface este proceso vital, nosotros lo tenemos que llamar material e
incluso materialista, en el caso de que delimite en sí mismo el campo de las
aspiraciones del espíritu y marque una valla de deslinde alrededor del hombre,
una valla que las cosas circunscriben, el tiempo limita y la muerte devora.
Este materialismo que hoy fascina a los hombres y les da sensación de realidad,
de seguridad y, por desgracia, de suficiencia, ¿es un sistema de pensamiento y
de acción realmente completo y suficiente?
Ciertamente, no. Digamos sobre los tejados lo que nos ha enseñado Cristo en el
secreto de la fe.
El hombre es un ser tal que tiene necesidades superiores, por
encima de las que experimenta, sufre y satisface con el pan de orden económico,
social y político; tiene un hambre espiritual que sólo la Palabra de Dios, la
fe, o mejor, Cristo mismo pueden satisfacer y saciar. Esto nos lo recuerda hoy
una palabra del Evangelio, y ésta es la que queremos repetir y dejar caer sobre
vosotros, género humano: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra
que sale de la boca de Dios" (Mt 4, 4)
¿Qué otro anuncio reconoce así la capacidad humana, la amplitud de sus
aspiraciones vitales, la posibilidad de encontrar la satisfacción definitiva a
la que está esencialmente ordenado, como lo reconoce esta frase? La Palabra de
Dios, la verdad religiosa, el Verbo divino hecho carne y alimento sacrificial
para nosotros, pueden colmar el "déficit" inexorable del balance
humano.
El mismo Jesús que ha multiplicado los panes para saciar el hambre natural del
hombre e incluye el saciarlo entre los deberes de la caridad, El mismo nos
aconseja encauzar nuestra hambre y nuestra esperanza al pan trascendente por
encima de cualquier otra aspiración imaginable, y a la Palabra viva e inmortal
de Dios.
Pensémoslo seriamente. Ello es tema para la Cuaresma que se inaugura hoy
litúrgicamente. María está cerca y nos enseña.