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PABLO VI

ÁNGELUS

Domingo 19 de febrero de 1978

 

Estamos, hermanos e hijos, en un tiempo de oración.

La plegaria supone necesidades. Se ora para alcanzar la ayuda de Dios. Y esto nosotros tratamos de realizarlo dentro del plan de la salvación cristiana.

La necesidad de orar se hace más apremiante a causa también de las necesidades de la economía humana, es decir, de la vida del mundo.

No podemos silenciar nuestra preocupación al ver que vuelven a encenderse tensiones entre los hombres y sobre todo por los síntomas de discordias y luchas entre naciones; discordias y luchas que pueden acarrear al mundo nuevos e inútiles dolores.

Contemplad el cuerno de África, observad la situación en Indochina, ved las nuevas tensiones en el Líbano y los episodios de violencia en Irlanda. Conocéis también la situación de esta nuestra querida Ciudad y de toda Italia. Fijaos asimismo en tantos otros países próximos y lejanos torturados por los fermentos de nuevas tensiones.

Es un momento febril. Nosotros seguimos teniendo confianza en las instituciones humanas, fundadas para salvaguardar la paz, el equilibrio y la concordia en la vida internacional.

Pero hay algo indomable que vuelve a avivar de vez en cuando focos de lucha que pueden ser fatales para mucha gente pacífica e inocente. Observemos las tendencias que soplan hoy en los ánimos. Bastan unos cuantos, pocos, si bien desenfrenados, para traer la ruina y sembrar el terror. Otros están invadidos por "un espíritu de vértigo" (Is 19, 14), se tambalean como ebrios entre hipótesis contradictorias. ¿Dónde están los espíritus humildes y fuertes que escuchan la voz de Dios?

Es necesario que Dios nos ayude. Es necesario que nos hagamos merecedores, al menos con la oración humilde y sincera, de alguna intervención providencial de la imponderable y salvadora ayuda de Dios. O sea que es necesario orar.

¡Oremos!, repitamos la oración de la Misa de la Paz: "Dios de la paz, a quien no puede comprender el que siembra la discordia, ni acoger el que ama la violencia: concede a quien edifica la paz perseverancia en su propósito y haz que quien se opone a la paz sea sanado del odio que le atormenta, para que todos se encuentren en Ti que eres la verdadera paz".

Y añadamos: María, Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.

 

 

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