Estamos, hermanos e hijos, en un tiempo de oración.
La plegaria supone necesidades. Se ora para alcanzar la ayuda de Dios. Y esto
nosotros tratamos de realizarlo dentro del plan de la salvación cristiana.
La necesidad de orar se hace más apremiante a causa también de las necesidades
de la economía humana, es decir, de la vida del mundo.
No podemos silenciar nuestra preocupación al ver que vuelven a encenderse tensiones entre
los hombres y sobre todo por los síntomas de
discordias y luchas entre naciones; discordias y luchas que pueden acarrear al
mundo nuevos e inútiles dolores.
Contemplad el cuerno de África, observad la situación en Indochina,
ved las nuevas tensiones en el Líbano y los episodios de violencia en Irlanda.
Conocéis también la situación de esta nuestra querida Ciudad y de toda Italia.
Fijaos asimismo en tantos otros países próximos y lejanos torturados por los
fermentos de nuevas tensiones.
Es un momento febril. Nosotros seguimos teniendo confianza en las
instituciones humanas, fundadas para salvaguardar la paz, el equilibrio y
la concordia en la vida internacional.
Pero hay algo indomable que vuelve a avivar de vez en cuando focos de lucha que
pueden ser fatales para mucha gente pacífica e inocente. Observemos las
tendencias que soplan hoy en los ánimos. Bastan unos cuantos, pocos, si bien
desenfrenados, para traer la ruina y sembrar el terror. Otros están invadidos
por "un espíritu de vértigo" (Is 19, 14), se tambalean como ebrios entre
hipótesis contradictorias. ¿Dónde están los espíritus humildes y fuertes que
escuchan la voz de Dios?
Es necesario que Dios nos ayude. Es necesario que nos hagamos merecedores, al
menos con la oración humilde y sincera, de alguna intervención providencial de
la imponderable y salvadora ayuda de Dios. O sea que es necesario orar.
¡Oremos!, repitamos la oración de la Misa de la Paz: "Dios de la paz, a quien no
puede comprender el que siembra la discordia, ni acoger el que ama la
violencia: concede a quien edifica la paz perseverancia en su propósito y haz
que quien se opone a la paz sea sanado del odio que le atormenta, para que todos
se encuentren en Ti que eres la verdadera paz".
Y añadamos: María, Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.