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PABLO VI

ÁNGELUS

Domingo 12 de marzo de 1978

 

Se acercan los días benditos de la pasión del Señor. El Domingo de Ramos nos introduce en el corazón de este misterio que cada año nos hace recorrer las etapas de nuestra salvación.

En el Evangelio de la resurrección de Lázaro, leído el domingo antiguamente llamado "de Pasión", tenemos el preludio y preámbulo de la victoria de Cristo sobre la muerte. Este día viene a ser como el vestíbulo del santuario de la Semana Santa, en el que debemos penetrar con fervor de fe y caridad, fortalecidos por las palabras que desafían los acontecimientos y las contradicciones de la historia: "Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11, 25).

Debemos proclamarlo tanto más alto cuanto más amargas y decepcionantes son las respuestas negativas que llegan estos días de tantas partes del mundo a nuestras expectativas de esperanza.

No podemos quedarnos impasibles ante los sucesos de estos días, sobre todo ante los que afectan a la vida pública.

Oremos para que los cristianos sean coherentes siempre con su fe y con la concepción cristiana del hombre y de la sociedad, y no sólo en la vida personal y familiar, sino también en las decisiones graves que orientan la futura situación del propio país.

Nos proteja a todos María, esperanza nuestra.

 

 

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