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PABLO VI

ÁNGELUS

Domingo 25 de junio de 1978

 

Dejemos que los signos de los tiempos hablen a nuestros ánimos. Un signo de este tiempo nuestro, en el que el conflicto entre el bien y el mal asume una evidencia dramática, es el de Mauro Carassale, un niño de 11 años, de Olbia, Cerdeña, el cual viendo a su hermano Enrico, mayor que él, preso y secuestrado por violentos raptores, se ofreció voluntariamente, diciendo: "Cogedme a mí; mi hermano está mal, voy yo con vosotros". Y así fue, Mauro fue secuestrado, y todavía, desde el 21 de abril, no ha sido liberado, aunque la familia de comerciantes no pudientes hayan entregado ya a los bandidos una parte del rescate pedido. Incluso hirieron con un golpe de metralleta al emisario de la familia, con la pretensión de que fuese entregado el resto de la suma del indigno, odioso y vil rescate. Gran conmoción en Olbia: el consejo de clase de la escuela del pequeño Mauro ha decidido pasarlo de clase sin exámenes. Es fácil imaginar la angustia de la familia Carassale. La madre se ha ofrecido ella misma para liberar al pequeño Mauro; inútilmente. Olbia se estremece, y se estremece Cerdeña, y con ella la nación.

También la Iglesia sufre por el indigno chantaje consumado en una población, avezada al sufrimiento, pero tan sensible al lenguaje de la piedad humana y cristiana.

Querido Mauro: todos te están cercanos. Tú eres el símbolo, pequeño cordero, de la bondad inocente, y tu gesto se eleva como ejemplo para todos, invitando al heroísmo del sacrificio de sí en favor del hermano que sufre. Y cuánta maldad, cuánta avaricia contra ti descubre la vileza de que son capaces ciertos grupos de conciudadanos.

¡Este es el mundo en que vivimos!

Pero la debilidad de un niño víctima voluntaria de un gesto de generosidad estupenda e incomparable vence la crueldad de la violencia ciega y avara.

Nosotros invocamos a la Virgen, la compasiva por sublime excelencia, para que venga desde el cielo en tu socorro y en el nuestro.

 

 

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