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CARTA DE SU SANTIDAD PABLO VI
A S.E. EL MARISCAL JOSIP BROZ - TITO,
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA SOCIALISTA FEDERATIVA DE YUGOSLAVIA

 

A Su Excelencia
el Mariscal Josip Broz-Tito,
Presidente de la República Federativa de Yugoslavia.

En el momento en que, en virtud del Acuerdo firmado recientemente, Nuestro Representante se apresta a dirigirse a la noble tierra de Yugoslavia, no sólo en su carácter de Delegado Apostólico, sino además como Enviado de la Santa Sede ante el Gobierno Federal, Nuestro pensamiento Nuestros afectuosos votos se dirigen – más allá de los Pastores, del Clero y de los fieles de la Iglesia Católica de Yugoslavia – hacia todos los habitantes de esas Repúblicas y hacia aquellos que, empezando por Vuestra Excelencia, tienen la responsabilidad de promover el progreso del país y su desarrollo ordenado y tranquilo en la justicia y la libertad.

Los ciudadanos católicos y – en el terreno que le es propio – la Iglesia a la cual consideran un honor pertenecer, están dispuestos a brindar siempre su contribución consciente y generosa para este progreso y esta prosperidad: ellos tienen siempre presentes los deberes que la profesión de su religión les impone para con la comunidad nacional, en todo lo que es justo y honesto.

Por su parte, la Iglesia Católica pide y hace votos para que se le garanticen el respeto de sus derechos y la legítima libertad de su acción, que no tiende a nada más que al beneficio espiritual y moral de sus miembros y al bien de las naciones en las que vive.

Vos conocéis en especial, Señor Presidente, los sentimientos y las preocupaciones que tenemos por la causa de una paz verdadera y duradera entre los hombres, por un arreglo justo y rápido de los conflictos que la agitan o la ponen en peligro, y por una cordial colaboración internacional en vistas del desarrollo de todas las naciones, sobre todo de las que tienen más necesidad de ayuda y de apoyo.

Agradecidos por la acogida que se da a Nuestra acción en favor de la paz, y apreciando a Nuestra vez todo esfuerzo sincero realizado con esta noble finalidad, expresamos Nuestra confianza en que las relaciones actualmente restablecidas – en forma oficiosa – entre la Santa Sede y el Estado Yugoslavo, permitirán, también en ese terreno, una cooperación que, por Nuestra parte, acogeremos siempre favorablemente.

Tened a bien aceptar, Señor Presidente, la expresión reiterada de Nuestros deseos de bienestar y prosperidad para todos los pueblos de Yugoslavia: deseos que ponemos en las manos de Dios Todopoderoso y que le ofreceremos cotidianamente en Nuestras oraciones.

Desde el Vaticano, 17 de noviembre de 1966.

PAULO VI PP.

 

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