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MENSAJE DEL PAPA PABLO VI
A LA CONFERENCIA DE PUNTA DEL ESTE*

 

Hemos sabido con verdadero placer que Vuestras Excelencias, Señores Presidentes de los Países de la Organización de los Estados Americanos, se encuentran reunidos en Punta del Este para tratar los importantes problemas del desarrollo y de la integración de las Naciones de ese Continente y Nos complacemos en manifestarles el vivo interés con que seguimos los trabajos que los ocupan en estas jornadas.

La Iglesia, que ha sido uno de los factores principales de la unidad de los Pueblos de América Latina y que tanta parte ha tenido y continúa teniendo en el curso de su historia, se asocia plenamente, dentro del ámbito de su competencia, al estudio de tales problemas; testimonio de ello son también los temas discutidos en la reciente Xª Reunión Extraordinaria del Consejo Episcopal Latino Americano. Consciente de los inagotables tesoros de que es depositaria, la Iglesia quiere, como hasta el presente, ofrecer su ayuda con espíritu de servicio a los individuos y a la sociedad.
Al enseñar su doctrina sobre la hermandad de todos los hombres, hijos del mismo Dios Creador y Padre, contribuye, eficazmente a la integración de ese Continente y de todas las demás Naciones; la unidad y la fraternidad, en efecto, según decíamos en el Mensaje dirigido a la mencionada Asamblea del Consejo Episcopal Latino Americano, no tienen que limitarse al sector espiritual e individual sino que han de plasmarse concretamente en la sociedad en todas sus dimensiones y, por tanto, también en un nivel continental y mundial.

Fiel a las enseñanzas y a los ejemplos de su Divino Fundador que aducía el anuncio de la Buena Nueva a los pobres como signo de su misión, la Iglesia - así lo hemos relevado en la reciente Encíclica Populorum progressio - no ha descuidado nunca el promover la elevación humana de los pueblos a los cuales ha llevado la fe en Cristo. De ahí que la Iglesia se regocije al ver un conjunto tan escogido de Jefes de Estado congregados en el esfuerzo de acelerar el desarrollo y la integración de los Países de América Latina deseosos de participar, como les corresponde en derecho, a la comunidad de las Naciones con toda su vitalidad.

Juzgamos, por tanto, en consonancia con el humilde servicio pastoral que la Divina Providencia Nos ha llamado a llevar a cabo como Cabeza visible de la Iglesia, el expresar a Vuestras Excelencias Nuestras congratulaciones por la noble iniciativa que los vincula en orden a la búsqueda de solución para tan fundamentales asuntos. Tenemos asimismo el convencimiento de que en tal forma trabajan concretamente por la causa de la paz no sólo en ese Continente sino también en el mundo entero.

Rogamos, pues, al Señor, dador de toda gracia, para que asista e ilumine a Vuestras Excelencias en el examen de los argumentos que tratan y convierta su labor en eficaz y fecunda.

Del Vaticano, 12 de abril de 1967.

PAULUS PP. VI


*AAS 59 (1967), p.435-436;

L’Osservatore Romano, 14.4.1967, p.1;

Insegnamenti di Paolo VI, vol. V, p.1023-1024;

ORe (Buenos Aires), año XVII, n°749, p.6.

 

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