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MENSAJE DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LA VIII CONFERENCIA REGIONAL DE LA FAO,
EN VIÑA DEL MAR, CHILE*

 

«Hemos tenido oportunas noticias de que va a celebrarse (13-29 marzo), próximamente en Viña del Mar la Conferencia Latinoamericana para la Alimentación y la Agricultura (8ª Conf.) «Food and Agricultural Organization» y, accediendo a los deseos que se Nos han manifestado, queremos atestiguar, con Nuestras palabras de aliento y de complacencia, el vivo interés con que seguimos la marcha y la solución de los problemas que esa autorizada Asamblea tratará.

Los nobles intentos que animan a cuantos se reúnen en Viña del Mar, y las altas metas que se han fijado para contribuir al progreso de un sector tan fundamental en el desarrollo y bienestar de los pueblos, como son la agricultura y la alimentación, no pueden menos de despertar en Nuestro corazón sentimientos de admiración y de gratitud.

En efecto, el tomar adecuadas medidas generales para explotar racionalmente las grandes riquezas con que Dios dotó a América Latina, la educación de las poblaciones rurales para aplicar cualitativa y cuantitativamente las técnicas modernas, la reforma serena y ponderada de estructuras agrícolas menos eficientes, el intercambio de experiencias regionales y nacionales, la política de asistencia económico-social a quienes se ocupan del duro trabajo de la tierra, la apertura de cultivos plurilaterales que eviten las incertidumbres del monocultivo, son pasos necesarios para atenuar una de las grandes preocupaciones centrales de nuestra época, el hambre, para afrontar esas situaciones, tristemente persistentes y moralmente intolerables, de miseria, de enfermedad, de ignorancia, que si no se remedian a tiempo, están, por desgracia, llamadas a aumentar.

De ahí que Nuestro ánimo de Padre, en el que repercuten con acentos angustiosos las indigencias del mundo, aliente abiertamente a cuantos emprenden y favorecen obras de socorro internacional, a los dirigentes y miembros de la «Food and Agricultural Organization», sobre los cuales invocamos la abundancia de los dones divinos que los acompañen en su humanitaria labor y premien sus múltiples y beneméritos esfuerzos.

El Vaticano, 4 de marzo de 1965.

 

PABLO VI


*ORe (Buenos Aires), año XV, n°652 p.6.

 

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