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MENSAJE DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL DR. MARCOLINO G. CANDAU,
DIRECTOR GENERAL DE LA ORGANIZACIÓN  MUNDIAL DE LA SALUD*

 

Señor Director General:

En varias ocasiones Nos le hemos manifestado la estima e interés con que seguimos las actividades de la Organización mundial de la Salud; Nos lo hicimos especialmente en febrero de 1966, con motivo de la visita que usted Nos hizo al Vaticano, y en 1968 en el vigésimo aniversario de la Organización.

En este 25° aniversario de la entrada en vigor de su Constitución, Nos unimos nuestro homenaje y nuestros deseos a los que le llegan provenientes de los diversos sectores de la Comunidad Internacional.

A la Organización mundial de la Salud le toca una función capital dentro del esfuerzo concertado en la familia de las Naciones Unidas y en las Instituciones especializadas en favor del desarrollo integral de la humanidad –"de todo el hombre y de todos los hombres" –, para usar la fórmula que Nos sirvió de hilo conductor en Nuestra Encíclica Populorum progressio, sobre el desarrollo de los pueblos.

El artículo primero de vuestra Constitución os asigna como meta "promover todos los pueblos al nivel más alto posible de salud"; asegurar a todo ser humano el ejercicio de este derecho fundamental de "poseer el mejor estado de salud que se pueda alcanzar" como dice el preámbulo de la misma Constitución. Velar por la salud del hombre, mejorarla, prevenir las deficiencias y asistir si se presenta el caso, ¿no es todo esto estar dedicado al servicio del primer don del Creador al hombre: la vida?; una vida que es fuente de alegría desde el comienzo, punto de partida de un destino único y siempre admirable, a pesar de las apariencias, puesto que está destinada a abrirse a una felicidad sin fin. Por eso las profesiones que se preocupan por la salud de los cuerpos ejercen una alta y sagrada tarea, y constituyen una de las más nobles vocaciones al servicio del hombre.

El trabajo propio de la Organización mundial de la Salud se desarrolla sin duda en el campo de la salud pública: ustedes abordan el problema de la vida humana, de su promoción y de su protección, en términos de administración sanitaria, de formación y de investigación, de epidemiología y saneamiento, de medidas profilácticas a gran escala. Pero ustedes son muy conscientes de estar siempre al servicio de individuos cuyas vidas, o en todo caso su "cualidad", como se dice hoy día, depende a menudo de vuestras diligencias, de vuestras actividades y de vuestras decisiones. La estima y el respeto que la Organización mundial de la Salud tiene por la vida individual, ¿no lo ilustra suficientemente el puesto que ocupan en sus programas los marginados de la sociedad, los retrasados mentales, los minusválidos, las víctimas de la droga y tantos otros?

Señor Director General, en el prólogo del libro editado por la Organización al cumplir sus veinte años de existencia, usted hablaba del "sentido del valor insustituible de toda vida humana"; es éste sentido el que en veinticinco años de existencia da valor a una organización como la que usted preside, ganándose la gratitud de muchos y la estima de todos.

En un momento en que por una parte se desencadena la violencia en tantos puntos del globo, y por otra, el vértigo a que tan a menudo se ve sometida la sociedad contemporánea oscurece los verdaderos valores y parece tener en tan poca estima la vida, cualquier vida desde su origen hasta su ocaso, Nuestro deseo más ferviente es que en su XXV aniversario la Organización mundial de la Salud, a la que la Comunidad Internacional ha confiado la conservación y la promoción de la salud de los hombres, mantenga en todas las ocasiones el primado de la vida y ofrezca a la humanidad la contribución integral de una deontología auténtica.

Nos sabemos, señor Director, que en el curso de esta Asamblea os disponéis a dejar en otras manos una Dirección General que durante veinticinco años os ha identificado con la Organización. Por eso Nos quisiéramos concluir expresando para usted y para el que será llamado a sucederle nuestros deseos más fervientes que Nos acompañamos con Nuestras oraciones por ustedes y por la Organización, para que el Señor bendiga la obra comenzada hace veinticinco años.

PAULUS PP. VI


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.21, p.8.

 

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