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MENSAJE DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LA CONFERENCIA DE LAS NACIONES UNIDAS
SOBRE LOS ASENTAMIENTOS HUMANOS*

 

Señor Presidente:

Nos somos feliz de dirigiros hoy nuestro saludo y expresar a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre los Asentamientos Humanos nuestra profunda satisfacción de ver, como lo prueban la preparación y la organización de vuestros trabajos, que la comunidad internacional adquiere cada vez más conciencia de la importancia de las cuestiones sometidas a vuestro estudió.

Periódicamente, el drama de los temblores de tierra viene a recordar a la opinión mundial el lugar que ocupa la vivienda en la vida y en el corazón de los hombres. Pero eso mismo que deben soportar los damnificados cuando la naturaleza les priva de imprevisto de su casa y de su ambiente de vida, sabéis que lo viven permanentemente individuos, grupos, sectores enteros de población, desde siempre o al impulso de cambios sociales. Los trabajos preparatorios de esta Conferencia nos dicen que no es posible ignorar esa situación, ni habituarse a ella, ni tolerarla. De ahí que vuestra Conferencia no se haya reunido para deplorar con resignación las carencias enormes y crecientes en materia de alojamiento, sino para reavivar y sostener el ánimo de los constructores y para buscar soluciones originales y magnánimas a los problemas más urgentes, a fin de que todos los hombres puedan tener, junto con una morada digna y bella, los servicios normales de sanidad, de higiene y de comunicación, en un marco de vida que permita su pleno desarrollo físico y espiritual.

No es de nuestra incumbencia, en este mensaje, sugerir las soluciones técnicas; sino que queremos en primer lugar reiteraros nuestra confianza en el hombre, en su capacidad de ensanchar sin cesar el campo de las posibilidades, cuando su inteligencia y su corazón están comprometidos en favor de una existencia verdaderamente humana para todos sus hermanos. Y quisiéramos también recordar algunos principios esenciales que pueden inspirar y estimular la reflexión de esta Conferencia y el trabajo competente de quienes serán llamados seguidamente a realizar sus programas.

“Los seres humanos constituyen el elemento más importante en el universo". Nos alegramos de ver esta afirmación como encabezamiento de los principios generales que guían vuestros trabajos. En efecto, el hombre debe constituir el centro y la prioridad fundamental de todos los programas: el hombre en todas sus dimensiones y en toda su dignidad, como ser individual y social, natural e histórico, corporal y espiritual. El alojamiento debe favorecer el desarrollo de todas estas características, de todas estas riquezas del ser humano.

Todos los hombres participan de la misma dignidad. Toda vida lleva en sí misma una cualidad intrínseca. Y esto exige que se les asegure a todos, en su hogar, las condiciones de desarrollo plenamente humano.

El hogar, es decir, ese centro de calor en torno al cual se reúne una familia y dentro del cual los hijos crecen en el amor, debe seguir constituyendo la primera preocupación de toda programación relativa al entorno humano.

Esto supone que se ayude a la familia y a todos sus miembros a educarse sobre el sentido y el valor de la vida, sobre los medios para obtener una verdadera felicidad. Cuántos padres colman a sus hijos de cosas secundarias, pasajeras, preocupándose muy poco de ofrecerles en el hogar un poco de espacio y de paz para su equilibrio y su desarrollo. ¿Cuántos saben suscitar en sus hijos un interés por el arreglo y el embellecimiento de su hogar, preparándolos así a colaborar el día de mañana al perfeccionamiento del entorno humano?

Nos parece importante también que la Conferencia, señalando el papel primordial de los técnicos y de los genios creadores en el sentido social expresado, manifieste una gran confianza respecto a la participación activa y constructiva de los pueblos; que ponga en movimiento las energías materiales y morales de todos, incluso las de aquellos aparentemente más humildes, en el cuadro de programas proporcionados a sus posibilidades reales, a sus aspiraciones legítimas y a sus condiciones particulares de cultura.

En diversas ocasiones hemos manifestado ya nuestra convicción de que los Organismos internacionales son necesarios para determinar las exigencias de la justicia entre los pueblos y para hacer eficaces los buenos propósitos de solidaridad entre los hombres. La Conferencia actual cumple este papel haciendo posible de nuevo la afirmación en todas las naciones de una clara voluntad política y de un serio espíritu de colaboración; permitiendo que la cooperación internacional se manifieste en programas audaces, realistas y concretos: asegurándose que estos programas sean asumidos y apoyados por las decisiones de las Naciones Unidas y que se integren, como elemento esencial, en ese nuevo orden económico internacional que hay que construir sin cesar.

Finalmente, nos parece importante para una Conferencia como la vuestra, el que se forme una visión completa de la realidad mirando al pasado, al presente y al futuro.

El pasado: para prestar atención a las experiencias válidas y diversas que nos ha legado la tradición de los pueblos, pues también aceptando las luces que vienen de fuera, cada pueblo ha tenido siempre una intuición especial para resolver los propios problemas.

El presente: para valorar la gravedad de los fenómenos actuales en materia de alojamiento, superando las apariencias inmediatas y buscando las causas verdaderas, morales o físicas, de los males actuales: sólo con esta condición se evitarán nuevos errores de orientación.

El futuro: para desafiar la imaginación y suscitar proyectos grandes y originales a la medida del porvenir: pues estamos ante una civilización nueva que nos obliga a afrontar una terrible alternativa: dejar que se acumulen las calamidades destructoras del entorno humano o preparar valientemente el establecimiento de un alojamiento, digno y honorable, para todos los hombres.

Formulamos fervientes votos, señor Presidente, para que esta Conferencia responda a las esperanzas que se han puesto en ella. Sabemos que los esfuerzos de todos sus miembros se tenderán a ofrecer a cada cual la posibilidad de encontrar una vivienda en un marco plenamente humano, Os damos las gracias anticipadamente invocando sobre vuestros trabajos las bendiciones del cielo.

Vaticano, 24 de mayo de 1976.

PAULUS PP. VI


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.24, p.9.

 

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