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MENSAJE DE SU SANTIDAD PABLO VI
PARA LA JORNADA INTERNACIONAL
DE LA ALFABETIZACIÓN*

 

Señor Director general:

En el esfuerzo por la liberación y el desarrollo integral de los hombres y de los pueblos, la alfabetización sigue siendo tarea privilegiada. Gracias a la iniciativa y a los afanes constantes de la UNESCO, existe ya la Jornada anual de la Alfabetización; la conmemoración de sus logros y de los valores personales y sociales que promueve, contribuye a profundizar en las motivaciones y a despertar energías nuevas, generadoras de nuevos progresos. De todo corazón nos asociamos a esta celebración, consciente del servicio que, en nombre del Señor Jesús y de su bondad inagotable hacia todas las necesidades de los hombres, estamos obligado a prestar a toda la familia humana.

Es justo alabar en primer lugar a los innumerables hombres y mujeres que quieren aprender a leer y escribir, a costa de sacrificios bien meritorios. Se les abren aquí posibilidades insustituibles para tomar conciencia más clara de lo que viven y de lo que son, para comunicar entre sí y para participar más activamente en la vida social y en las transformaciones de ésta, para descubrir otras culturas y hacerse más presentes en la aventura de toda la familia humana. Con razón se subraya hoy la necesidad de construir un orden mundial nuevo con la participación responsable de todos. No sólo por los resultados, sino también por la experiencia que ha supuesto, la alfabetización pone en movimiento una muchedumbre inmensa de desheredados y los prepara a aportar valiosas reservas de creatividad a la obra común.

Es justo asimismo honrar a quienes se dedican a ayudar a sus hermanos en este esfuerzo, dentro de cada pueblo y entre los pueblos mismos. El poner de relieve su ejemplo se convierte en llamamiento lanzado a los hombres de buena voluntad, en favor de una acción que adquiere cada vez mayor alcance y más apoyo, es decir, la lucha contra esta miseria del analfabetismo que sigue siendo un problema muy preocupante, a pesar de los adelantos realizados. En efecto, muchos hombres y mujeres podrían entrar en este vasto movimiento, con medios modestos sin duda, y partiendo de motivaciones sencillas. Pero si se mantienen fieles a tales motivaciones, llegarán a comprender por sí mismos que a través de la comunicación de un saber, realizan una experiencia humana capaz de transformarles a su vez, al contacto con aquellos a quienes ayudan y que muy frecuentemente manifiestan sorprendentes riquezas de valor y de asombro. De este modo adquieren una sensibilidad nueva que les enseña a respetar, con el tacto propio de la amistad, a personalidades deseosas de profundizar en su propia identidad, desde el instante mismo en que descubren horizontes insospechados.

La UNESCO se preocupa de recoger estas experiencias espontáneas, de invitarles a dialogar entre sí, y de perfeccionar las pedagogías más eficaces y capaces de inmunizarles contra los desalientos y las desviaciones. Sin cesar procura llamar fuerzas nuevas al servicio de una tarea cuya amplitud aumenta de año en año; y les hace llegar los medios financieros indispensables.

Nos mismo pedimos hace algún tiempo en nuestro discurso a los periodistas, en Bombay, que se constituyese un fondo mundial alimentado en parte con los presupuestos destinados a gastos militares, para ayuda de los desheredados; tal fondo debería destinarse principalmente a la tarea prioritaria de la alfabetización. La experiencia secular de la Iglesia no ha cesado de favorecer el acceso a la lectura y a la escritura, a fin de posibilitar a un gran número el desarrollo de su personalidad y de su cultura, y abrirse así al gran patrimonio común de la humanidad.

Invitamos especialmente a los católicos a unirse a todos los hombres en la celebración de la Jornada internacional de la Alfabetización, en acción de gracias y admiración ante los progresos ya realizados. Y pedimos a Dios que la iniciativa de la UNESCO, a la que usted, Sr. Director general, aporta su entrega tenaz y creadora, libere nuevas energías para esta empresa, tan especialmente relacionada con la promoción del hombre y la fraternidad entre los hombres.

Vaticano, 30 de agosto de 1977.

PAULUS PP. VI


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.38, p.11

 

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