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 DISCURSO DE SU SANTIDAD PAOLO VI
AL PRESIDENTE DE IRLANDA,  EAMON DE VALERA
*

Martes 2 de julio de 1963

 

Señor Presidente:

Al saludarlo y acogerlo hoy con afecto, vuelve a Nuestra mente, como uno de los recuerdos más felices, la visita a la amada Irlanda y Nuestro encuentro allí con Vuestra Excelencia. La visión de Su Isla de los Santos y de los Doctos resplandece viva en Nuestro corazón, iluminada sobre todo por la indiscutible fidelidad de Su pueblo a esta Sede Apostólica, no obstante los encarcelamientos y las persecuciones a fuego y espada.

Las tormentas suscitadas por estas, y otras adversidades sirvieron solamente para reavivar con flama más espléndida el fuego de la Fe, encendido por San Patricio, despertando de este modo una fervorosísima vida religiosa y espiritual en Su tierra y un celo ardiente por la conversión de las almas y por la expansión del reino de Nuestro Señor Jesucristo en todos los rincones de la tierra.

Tan viva es la fe de los irlandeses que no tan sólo proveen a su amada Isla con suficientes vocaciones, sino que permiten a los más selectos y mejores abandonar casa y patria para ir a trabajar como sacerdotes, religiosos y religiosas, en los campos más difíciles del apostolado. En efecto, innumerables son los misioneros que han dejado sus tierras para llevar la luz y el calor del Evangelio a los que se encuentran en la oscuridad y en las sombras de la muerte. La mies de almas que recogieron en los blancos campos de las misiones es incalculable.

El conocimiento de vuestra maravillosa historia y Nuestra experiencia personal del corazón ardiente, amistoso y generoso de los irlandeses se funden para reforzar Nuestro paternal afecto y Nuestra especial benevolencia hacia la Isla Esmeralda y hacia su pueblo. Por Su mediación, Señor Presidente, enviamos a los Irlandeses una afectuosísima Bendición y pedimos al Señor y a la Virgen que los amen y protejan a la Nación irlandesa, haciéndola cada vez más próspera.

A Vuestra Excelencia y a su Familia, al Gobierno y a los ciudadanos de Irlanda, impartimos de todo corazón Nuestra particularmente afectuosa Bendición Apostólica.


*ORe (Buenos Aires), año XIII, n°569, p.3.

 

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