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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL SECRETARIO GENERAL DE NACIONES UNIDAS*

Jueves 11 de julio de 1963

Ilustre Señor:

La Organización de las Naciones Unidas de la que Ud. es eficaz y renombrado Secretario General, es una realidad histórica de demasiada importancia para dejarNos indiferente en este encuentro y que Nos conmueve vivamente.

Porque, Señor Secretario de las Naciones Unidas, la Santa Sede, a la que Ud. hoy visita en Nuestra humilde persona, tiene un altísimo concepto de dicho organismo internacional; lo considera fruto de una civilización a la que la religión católica, que tiene en la Santa Sede su centro propulsor, ha dado sus principios vitales; lo considera instrumento de fraternidad entre las naciones, por ella siempre deseada y fomentada, y por lo tanto llamada a facilitar el progreso y la paz entre los hombres; lo considera además como la forma en fase de desarrollo y de perfeccionamiento de la vida equilibrada y unitaria de toda la humanidad en su orden histórico y terrenal.

La universalidad propia de la Iglesia católica, que aquí en Roma tiene su corazón que vibra, parece en cierto modo reflejarse de la esfera espiritual, a la temporal de la ONU. Las ideologías de los que pertenecen a las Naciones Unidas son ciertamente múltiples y diversas; la Iglesia católica las considera con la debida atención; pero la convergencia de tantos pueblos, de tantas razas, de tantos Estados, en una única organización destinada a evitar los males de la guerra y a promover los bienes de la paz, es un hecho, que la Santa Sede pone de relieve como correspondiente a su concepción de la humanidad y como formando parte de su misión espiritual en el mundo.

En estos últimos años la voz de los Papas, Nuestros Predecesores, fue una de las primeras que invocó la formación de un organismo como éste del que Ud., Sr. U Thant, guía la actividad. Lo deseó ya en su tiempo el Papa Benedicto XV; trazó con feliz perspicacia sus criterios fundamentales el Papa Pío XII en el mensaje de Navidad de 1939 y en el de septiembre de 1944; subrayó su importancia y alentó su cada vez más perfecto, funcionamiento el Papa Juan XXIII en su última carta encíclica Pacem in terris, cuyo texto, con la firma autógrafa del Pontífice, Ud., Sr. Secretario, recibió de manos del Cardenal Suenens.

Por lo tanto, Nos sentimos confortados con su visita y aprovechamos la ocasión para renovar la expresión de Nuestra estima y de Nuestra esperanza en el programa fundamental de la ONU, especialmente en lo que se refiere a la eliminación de la guerra, la elevación de las poblaciones en fase de desarrollo y de las necesitadas de defensa y de ayuda, las legítimas libertades de los individuos y de los cuerpos sociales y la tutela de los derechos y de la dignidad de la persona humana.

A estos sentimientos Nuestros se unen por lo tanto los augurios por la verdadera prosperidad de la gran Organización de las Naciones Unidas y por el feliz éxito de la actividad a la que Ud., tan noblemente se halla entregado.

Nos pedimos al Dios omnipotente y Padre nuestro celestial que haga eficaces estos Nuestros votos.


*ORe (Buenos Aires) año XIII, n°570 p.3.

 

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