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DISCURSO DEL PAPA PABLO VI 
A LOS PROMOTORES DEL SEMINARIO REGIONAL EUROPEO 
DE LA JUVENTUD SOBRE LOS PROBLEMAS AGRÍCOLAS*

Martes 23 de julio de 1963

 

Recibid la bienvenida a esta reunión, Señores promotores y miembros del Seminario regional europeo de la juventud sobre los problemas agrícolas. Nos sentimos muy halagados por la idea que habéis tenido de venir a visitarNos y de ofrecerNos así, la oportunidad de interesarNos por los trabajos que han ocupado vuestras jornadas romanas.

Habéis adivinado, efectivamente, que las visitas de jóvenes Nos hallan siempre dispuesto a recibirlos muy cordialmente. ¡Quisiéramos estar siempre rodeados de jóvenes! A ellos se dirigen espontáneamente Nuestras simpatías y Nuestra confianza. Y a los jóvenes están ligados los mejores recuerdos de Nuestra vida y de Nuestro ministerio. Es a la juventud, sobre todo, a la que se dirige el espíritu de la religión, que Nos tenemos la misión de representar y de fomentar, porque, a pesar de lo que se pueda pensar de una institución como la Iglesia, cuya edad y cuya historia se miden por siglos y cuya fidelidad a la tradición y a la herencia de la civilización humana todo el mundo conoce, la Iglesia ama a la juventud, igual que un viejo árbol ama la primavera. Y más aún: la propia Iglesia misma es y se siente joven, porque los principios que constituyen su vida son eternos.

Que Nos sea, pues, permitido saludaros en nombre de una juventud común: vuestra juventud, la de los años, la de las generaciones nuevas, de los tiempos nuevos, cuyos ojos miran el porvenir como un reino que le pertenece, fuente de sus esperanzas y energías; y la Nuestra, la de la verdad y de las fuerzas que no envejecen jamás y que llevan en sí mismas el deber y el secreto de la actualidad y la pujanza del amor.

Pero existen otros motivos que hacen vuestra visita muy grata y muy digna de la más atenta y favorable consideración de Nuestra parte. Vosotros sois europeos; sois los representantes, los símbolos y, digamos la palabra, los líderes de esta Europa antigua y nueva, que Nuestros Predecesores han considerado siempre como una expresión solidaria y única de pueblos, diferentes, por supuesto, por sus caracteres específicos, pero al mismo tiempo hondamente unidos por una fraternidad que antaño se llamó "cristiandad" y que en la actualidad puede llamarse "civilización cristiana". ¿Deberemos deciros que también Nos consideramos a Europa con un interés muy hondo y muy particular? Nos seguimos muy de cerca el camino difícil, lento, a veces incoherente, pero firmemente dirigido hacia la unidad, la renovación, el progreso y la paz de esta Europa, a la que amamos y cuya misión providencial y universal es objeto de nuestra constante meditación, a la luz de la fe. También desde este punto de vista, amados y dignos hijos de Europa, recibid Nuestros mejores votos.

Además, os ocupáis del estudio de los problemas de la vida rural: éste es un motivo más que Nos obliga a recibiros con la mayor satisfacción y con los votos más sinceros. Nos agrada pensar que conocéis los documentos pontificios que demuestran el interés de la Iglesia – y de la Santa Sede en particular – por los problemas tan complejos, urgentes y modernos de la agricultura. Se trata de problemas específicamente técnicos, de orden económico y social; pero están de tal manera relacionados con las condiciones morales y religiosas de una parte tan grande y digna de la población, que el magisterio eclesiástico ha creído su deber ocuparse de ellos de manera directa y explícita. PermítaseNos recordaros las páginas a Nuestro parecer magníficas, que la Encíclica Mater et Magistra de Su Santidad Juan XXIII de feliz recuerdo dedicó a este argumento, para destacar con qué interés espiritual Nos apreciamos las finalidades que han inspirado vuestros estudios durante el Congreso y que guían seguramente vuestra actividad también en el porvenir.

Por todos estos motivos, que merecerían mayor cantidad de reflexiones, pero de los que, Nos lo esperamos, vosotros tenéis una inteligente intuición, Nos os agradecemos vuestra presencia, acompañamos vuestra labor con Nuestros votos más sinceros y paternales y Nos invocamos sobre vuestras personas y vuestros respectivos países la bendición del Cielo.


*ORe (Buenos Aires), año XIII, n°572, p.1.

 

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