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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
DURANTE LA VISITA OFICIAL DEL SR. ALDO MORO,
PRESIDENTE DEL CONSEJO DE MINISTROS DE ITALIA*

Lunes 20 de enero de 1964

 

Señor Presidente:

Nos sentimos el honor y comprendemos el significado de Su visita.

En efecto, elle se realiza al comienzo de Su mandato de Gobierno; esto basta para demostrar que en medio de los más serios desvelos de Su nuevo y altísimo cargo está presente en Su espíritu ese sentido de sincera y noble reverencia hacia la Sede Apostólica y hacia el Jefe de la Iglesia, que ha caracterizado siempre luminosamente la expresión de Su pensamiento y de Su obra como católico y como italiano. El saludo, que Ud. ha querido presentarnos personalmente, hace pocos días, en el momento de Nuestra partida para Tierra Santa y de Nuestro inmediato regreso, Nos había dado ya prueba evidente y grata de ello. Ahora, el carácter oficial de esta visita en Nuestra residencia vaticana Nos confirma et estilo de caballerosidad y de gentileza, que es ya habitual por parte de las supremas Autoridades Italianas con respecto al Pontificado.

Nos place, por lo tanto, aceptar el honor que se Nos ha tributado con tanta gentileza de actos, de palabras y de obsequios, no tanto porque corresponde a Nuestra humilde persona cumplir con la tarea de darle patente demostración de aceptación y de plácemes, sino más bien por el noble motivo de que este dignísimo, homenaje está, en primer lugar, dirigido al ministerio que la Providencia Nos ha hecho ejercer, de Obispo de Roma y de sucesor del Apóstol Pedro, y a la formidable representación de la que Nos estamos investidos, de Vicario de Cristo; y, en segundo lugar, por su procedencia y por la abundancia de sentimientos de lealtad, de sabiduría, de vivacidad espiritual que no sólo Nos somos felices de comprobar en Ud., Señor Presidente, sino que pensamos que es compartida por todos sus colaboradores de Gobierno y por lo que Ud. representa y quiere servir con su acción, queremos decir el Pueblo Italiano.

Por eso, a tan grande honor responde Nuestro hondo y paternal agradecimiento, así como el propósito de retribuirlo con la alta y cordial consideración que tenemos de Ud., de los Señores Ministros, de toda la Administración pública y de toda la Nación.

Un nuevo intercambio, pues, de honoríficas manifestaciones mutuas entre el primer represente del poder ejecutivo italiano y esta Sede apostólica Nos induce a volver a pensar en su significación, no tanto formal, sino histórica y esencial, que es la de las buenas relaciones ya establecidas en Italia entre los dos poderes; y no sólo para alegrarnos por el arduo y secular problema, relativo a estas relaciones, que se manifiesta felizmente resuelto, sino para celebrar también su experimentación y, casi, la realización de un juego singular de leal, reciproco respeto de las respectivas soberanías y, al mismo tiempo, de amistosa y moral armonía en el común deseo del bien siempre mayor del pueblo italiano y de una consiguiente ventaja para el bienestar y la paz internacional.

De esta manera Nos queremos expresarle, Señor Presidente, y a toda la Nación italiana Nuestros mejores votos; y siempre coherentes con Nuestro prepósito de permanecer extraños a las alternativas propiamente políticas de la Nación, Nos abstenemos de considerar sus problemas, muchos de los cuales interesan Nuestros propios problemas; Nos deseamos sólo formular votos de que Ud. pueda superar las dificultades y las incertidumbres inherentes a la hora presente, mediante la confianza y la colaboración de los ciudadanos buenos y dispuestos, y que Ud. consiga hacer evolucionar siempre mejor la situación espiritual de muchos ciudadanos, especialmente de los libres y honrados trabajadores, en el sentido de la concordia y del aprecio por el Estado al cual tienen el honor de pertenecer.

Votos éstos que Nuestra plegaria al Señor sufragará y que ahora Nuestra Bendición quiere expresar y corroborar.


*ORe (Buenos Aires), año XIV, n°598, p.7. 

 

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