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DISCURSO DEL PAPA PABLO VI
A LOS REPRESENTANTES DE VARIAS
ORGANIZACIONES EUROPEAS*

Viernes 17 de abril de 1964

 

Con gran placer gusto recibimos a los dos grupos de personalidades distinguidas que habiendo venido a Roma para celebrar encuentros internacionales, han deseado hacernos una visita: los representantes de la industria carbonífera italiana y alemana, con el Director General de la Alta Autoridad de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, y los miembros del «Comité Europeo de enlace de Negociantes y Consumidores de combustibles», reunidos en sesión plenaria para discutir grandes problemas de la política energética europea.

El campo muy especial y muy técnico en el que se desarrolla vuestra competencia, Señores, puede parecer, a primera vista, muy extraño a las preocupaciones de tipo moral y espiritual que son las Nuestras.

Pero en realidad, nada de lo que afecta al verdadero bien de los hombres es ajeno a la Iglesia. ¿Y a qué tienden vuestros trabajos, vuestras investigaciones, vuestros encuentros periódicos, sino a promover un armonioso equilibrio en la utilización de las fuentes de energía, para el mayor bien de la sociedad y de Europa en particular? Vosotros aportáis vuestra contribución a los progresos de la paz y de la prosperidad de este continente, que tanta influencia pueden tener sobre las condiciones generales del mundo, por lo cual es imposible desinteresarse de ellas. Todo el mundo ve, evidentemente, las consecuencias que tendría el pleno funcionamiento de un «mercado común de la energía» entre los Países miembros de la Comunidad europea. Nos sabemos que estáis trabajando en ello, a través de dificultades fáciles de comprender, dada la divergencia de los intereses que se presentan. Pero por encima de los intereses tenéis como meta el «bien común europeo» y la perspectiva de este acuerdo que se realizaría en un plano superior os ayuda a superar los obstáculos sembrados en vuestro camino.

Estad seguros, Señores, de que Nos seguimos vuestros esfuerzos con viva simpatía.

En muchas ocasiones ya, desde el comienzo de Nuestro Pontificado, Nos hemos manifestado el interés que Nos concedemos a los problemas europeos. A vosotros que, en el campo económico, os dedicáis a resolverlos, Nos ofrecemos de buen grado Nuestro aliento y Nuestros votos y de todo corazón Nos invocamos sobre vuestras personas, sobre vuestras familias y vuestros trabajos las mejores bendiciones celestiales.


*ORe (Buenos Aires), año XIV, n°609, p.4.

 

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