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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL NUEVO EMBAJADOR DE ETIOPÍA
*

Martes 21 de julio de 1964

 

Excelencia,

Nos sentimos realmente felices de dar la bienvenida a Vuestra Excelencia y en recibir de vuestras manos las Cartas Credenciales por medio de las que Su Majestad el Emperador de Etiopía os ha nombrado representante de vuestra Nación ante la Santa Sede.

Desde que San Frumencio, el Apóstol de Etiopía, introdujo allí oficialmente el cristianismo en el siglo IV, la religión cristiana ha continuado su incremento en vuestra patria. Y actualmente, los católicos contribuyen considerablemente en el campo de la educación y de la asistencia pública. Agradecemos sinceramente y apreciamos las amables palabras que Su Majestad dijo recientemente al elogiar la actividad de la Iglesia católica en Etiopía y, particularmente, el apoyo y el estímulo de Su Majestad con respecto a las iniciativas que la Iglesia ha emprendido para la prosperidad material y espiritual de esa Nación. Sabemos que los católicos en Etiopía son leales ciudadanos, orgullosos de su herencia espiritual y muy deseosos de contribuir con su acción personal y con los medios de que disponen al desarrollo de su País.

Recientemente, Etiopía ha desempeñado un papel realmente importante en el desarrollo de ese vasto continente al que pertenece. Fue centro de reunión de la Asamblea de Jefes de Estados Africanos en el mes de mayo de 1963, que dio origen a la Organización de la Unión Africana, un instrumento que puede servir para establecer mejores relaciones entre las Naciones y paz entre pos pueblos. Nos deseamos que Etiopía desempeñe su papel en los acontecimientos modernos y confiamos que las buenas relaciones existentes entre Etiopía y la Santa Sede continúen florecientes para mutuo beneficio de ambas. Deseamos a Vuestra Excelencia gran éxito en su nueva responsabilidad.

Os solicitamos transmitáis a Su Majestad el Emperador de Etiopía nuestros mejores deseos de que siga gozando de buena salud y de que su Nación y su pueblo disfruten de toda clase de prosperidad. ¡Quiera Dios Todopoderoso bendecir a Etiopía con sus dones selectos!

 


*ORe (Buenos Aires), año XIV, n°622, p.3.

 

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