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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI AL NUEVO
EMBAJADOR DE PANAMÁ DURANTE LA PRESENTACIÓN DE LAS CARTAS CREDENCIALES*
Jueves
18 de marzo de 1965
Señor Embajador:
Con vivo agrado recibimos de manos de Vuestra Excelencia
las Cartas Credenciales que os acreditan como Embajador Extraordinario y
Plenipotenciario de vuestro País ante la Santa Sede. Gracias de todo corazón
por las amables frases y deferentes expresiones con que habéis querido
acompañar este solemne acto.
Deseamos vivamente que vuestra permanencia en este nuevo
destino al servicio de vuestra Nación sea muy feliz: las preclaras dotes que
os adornan y la vasta experiencia adquirida en los más variados campos de la
administración pública, de la vida económica, social y representativa, de
orden nacional o internacional, son la mejor garantía del buen éxito que sin
duda coronará el cumplimiento de la misión que ahora comenzáis. Este
momento, de gran trascendencia en la vida de la Iglesia, os ofrecerá la
oportunidad de percibir aquí la vibración del mundo católico reflejada en
las tareas del Concilio Ecuménico Vaticano Segundo.
Vuestra presencia, Señor Embajador, evoca en Nuestro
ánimo a la amadísima Nación Panameña, anillo de unión entre los Océanos
y puente entre Continentes, a caballo sobre cordilleras y macizos montañosos
de belleza incomparable; pero ante todo nos lleva a pensar en las virtudes de
un Pueblo generoso y trabajador, amante de la justicia y de los valores
espirituales.
El catolicismo que presto arraigó en vuestro suelo, ha
tenido siempre vida lozana y próspera desde los tiempos remotos en que
esforzados Misioneros depositaron en él la semilla del evangelio: fue una de
las primeras diócesis de la América Hispana, la de Santa María de Darién,
la misma que con sus virtudes y dinamismo apostólico ocupara el edificante
Franciscano Fray Juan de Acevedo.
¡Con cuánto ardor pedimos al Señor que este patrimonio
religioso, mediante el concurso de su celosa Jerarquía y del Clero, con la
colaboración de los beneméritos Institutos Religiosos y la factiva
cooperación del laicado católico, conserve siempre sus mejores esencias y
reciba continuo impulso vital hacia nuevas metas!
Formulamos fervientes votos a fin de que, las felices
relaciones existentes entre la República de Panamá y la Santa Sede se vean
siempre favorecidas con los más estrechos vínculos. Trasmitid, Señor
Embajador, al Excelentísimo Señor Presidente de la República Nuestro
homenaje y Nuestro saludo. A todo el queridísimo Pueblo Panameño nos
complacemos en reiterar el paterno afecto con que sobre él invocamos las más
copiosas bendiciones y venturas del Cielo.
*AAS 57 (1965), p.384-385.
Insegnamenti di Paolo VI, vol. III, p.174-175.
L'
Osservatore Romano 19.3.1965, p.1.
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