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DISCURSO DEL PAPA PABLO VI A LOS
PARTICIPANTES EN LA VII SESIÓN DE LA CONFERENCIA
INTERGUBERNAMENTAL PARA LA FUNCIÓN PÚBLICA EUROPEA*
Martes 6 de abril de 1965
Amados Señores:
Con suma complacencia Nos damos la bienvenida en esta Nuestra morada a
quienes toman parte en la VII Sesión de la Conferencia intergubernamental para
la función pública europea. Siempre ustedes ya lo saben, Nos es grato acoger a
quienes trabajan desinteresadamente en la construcción de la Europa de mañana,
en la elaboración de sus estructuras, en facilitar su marcha.
Trátase en verdad de una obra de largo respiro; ustedes lo saben como nadie,
viniendo de horizontes distintos, pero animados por un único espíritu de
colaboración y esforzándose a través de reiteradas sesiones por confrontar las
diversas legislaciones, puesta la mira en elaborar el Estatuto-tipo del
funcionamiento europeo.
Nuestra acogida, queridos Señores es para ustedes una prueba del interés con
que Nos seguimos sus trabajos. La Santa Sede – Nos complace repetirlo aquí
públicamente – es miembro del Consejo de cooperación cultural del Consejo de
Europa. Ello significa que es su clara intención no permanecer ajena a ese
inmenso esfuerzo que cumplen de juntos los pueblos de esta Europa, a la que
vínculos tan estrechos unen, hoy como ayer, a la Iglesia.
Nadie desconoce que la Santa Sede se mantiene por encima de las discusiones
de carácter político, a través de las cuales las partes de buena voluntad
intercambian sus legítimos puntos de vista a fin de elaborar esa Europa que
tantos hombres y ciudadanos reclaman en sus impacientes votos. Pero está en
pleno acuerdo con quienes, sin segundas intenciones, trabajan en sobrepasar las
inevitables dificultades, en allanar diferencias, en facilitar el constructivo
diálogo entre los europeos. La Santa Sede desea que nazca un día una realidad
nueva, que ha de ser a la vez rica de cuanto el pasado aporta y animada por una
determinación común, de construir el mejor porvenir posible para esos millones
de hombres inspirados en un ideal común: asegurar en paz una vida fraternal, en
la que pueda cada uno expansionarse con los suyos dentro de un respeto
compartido por los demás y en el que todos puedan realizar su destino de hombres
libres y responsables.
Nos añadiremos que Nuestros hijos católicos están bien dispuestos a acoger
ese ideal europeo, como están dispuestos a trabajar por su realización. Con
benevolencia particular, Nos les deseamos que prosigan con éxito sus trabajos y
pedimos a Dios que les bendiga, como Nos les bendecimos, de todo corazón.
*ORe (Buenos Aires), año XV, n°654, p.5.
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