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RADIOMENSAJE DEL SANTO PADRE PABLO VI
 A LOS FIELES ESPAÑOLES
CON MOTIVO DEL AÑO SANTO JACOBEO


Domingo 25 de julio de 1965

 

A nuestro querido Hijo el Cardenal Arzobispo de Santiago de Compostela: salud y bendición! A la Jerarquía, Autoridades y pueblo de Galicia y de España; a los fieles todos congregados en estos momentos cabe el sepulcro de Santiago: gracia, paz y alegría en Cristo Jesús!

España tiene este año los ojos puestos en Compostela: son ojos de fe y de esperanza. Los días, las semanas, los meses van siendo testigos de un peregrinar que, como el de otros tiempos, no resiste estrecheces de estirpe, de patrias, de frontera, en amplio sentido de ecumenicidad. Y en este día, fiesta del Apóstol, ahí se va también nuestro corazón. El hecho encuentra felizmente su signo y expresión en la imagen proyectada en la pantalla.

Sí; queremos conversar con España, alegrarnos con ella, con ella y por ella rezar a su Santo Patrón, en medio de ella contemplar los triunfos de sus hijos, admirar tantos siglos de belleza, de arte, de cultura como ella misma ha sabido hermanar con la fe cristiana. Queremos, amadísimos Españoles, alentaros a llevar a cabo la ardua tarea que os impone el momento actual, y a todos: a la juventud llena de ansias, al hombre maduro, a los profesionales de la enseñanza y de la ciencia, del periodismo, de las artes, a los funcionarios, a los trabajadores, a las familias sacerdotal y religiosa, al rico y al pobre, a todos acercaros con el mensaje apostólico: pensamos en aquél que Santiago os hubiera predicado en este nuestro siglo.

¡Cómo nos gustaría tener tiempo para leer y comentar con vosotros crónicas añejas del Camino de Santiago, de anales y tradiciones jacobeas -igual que hace el padre que descorre la historia a los ojos de sus hijos- para evocar aquel coral de naciones en marcha bajo los cielos de Europa, armonioso como una Galaxia, camino del Finisterre atlántico, en línea con otro que avanza a ultramar, a la roca abierta del Santo Sepulcro de Jerusalén, y con aquel otro que a Roma se dirige en busca de la sede y tumba de Pedro!

Mas si no nos es posible detenernos y desempolvar y descifrar viejos anales, sí que podemos tener un momento de reflexión y recogimiento interior para escuchar la voz de los siglos y descubrir el significado, la vigencia, que en nuestros días puede asumir la celebración del Año Jubilar. Vamos pues juntos a hacer síntesis, a tratar de encontrar el hilo conductor en el tejido de los hechos y después a traducir su mensaje -que lo hay- en lenguaje que sincronice con el alma del mundo moderno.

Santiago fue durante la Edad Media principalmente, uno de los focos más potentes de irradiación espiritual. A Santiago se iba para confesar la fe recibida de los Apóstoles, para ganar la gracia del perdón por la penitencia y el sacrificio. Por eso el católico español, con espíritu de peregrino, conserva su alma en gracia y no se olvida de movilizar y polarizar en torno al ideal cristiano toda su actividad vital, hasta conseguir que su persona y las cosas que la rodean miren a Cristo. La peregrinación es un himno de fidelidad a la tradición católica, la que nos lleva precisamente al culto de un Apóstol, esto es la que marca un retorno a las fuentes auténticas y vivas de esa misma tradición. ¿No es tal la dirección que nos señala el Concilio? El peregrino profundiza su fe, la ilustra, la vigoriza para poder dar razón de ella, para prepararse al choque inevitable con otras ideologías y creencias. El sabe bien que la defensa de su fe y la eficacia de su penetración exigen un desarrollo de formas organizativas. Hay que concebir la vida católica como apostólica y como militante. El mismo Apóstol nos lo enseña.

La ruta de Santiago, en segundo lugar, ha tenido como nota característica la de ser vínculo poderoso de unidad. Desde los Pirineos, y aun más allá, hasta Compostela, el camino de Santiago se abría entonces como un lazo que iba atando siglo a siglo a gentes muy diversas, dentro de un ideal religioso. Y al calor de la fe se produjo también un denso trasvase de formas artísticas, de manifestaciones culturales que perduran en los monumentos y que la historia atestigua. Para poner en marcha a las muchedumbres Cluny tendió una red de hostales y de puentes.

Hoy también, con generoso esfuerzo, bajo el impulso del celo del venerado Cardenal Arzobispo de la Sede Compostelana, con la munífica participación de las Autoridades, de entidades públicas y privadas, con el cariño de todos, los hitos del peregrinar antiguo han adquirido nuevo realce y funcionalidad moderna, para seguir dando posada al peregrino y dejar así más libre el espíritu en tensión hacia el sepulcro glorioso.

El peregrino Jacobeo se ve espoleado también en su camino por la aplicación de los principios cristianos a la vida social, y así estudia y trabaja en la realización de las aspiraciones proclamadas en las Encíclicas pontificias y en la doctrina de la Iglesia. El cristianismo vivo y firme en la fe debe demostrarse vivo y fecundo en la caridad, la cual hoy no puede dejar de adquirir formas y amplitud social. Las aspiraciones fuertes, a veces impacientes y desordenadas, deben tener una directiva de pensamiento: la doctrina social de la Iglesia que se ha de aplicar según las circunstancias históricas y ambientales concretas; y una dirección marcada hacia las categorías más necesitadas de elevación, de seguridad, de dignidad social. Ello podrá modificar algunas formas jurídicas y consuetudinarias de la economía para hacer de los bienes de este mundo no ya amparo de egoísmos y desigualdades sociales, sino verlos mejor distribuidos y mejor empleados, en servicio del bien común.

Si, por otra parte, es ésta la hora de tomar conciencia cada uno, con sentido de solidaridad y de responsabilidad en las tareas universales de la Iglesia, de ello da buena prueba España cuando, como en otros tiempos, sigue ofreciendo operarios para el campo misional, cuando a sus Hijas antiguas de América continúa mandando sacerdotes, religiosos y apóstoles seglares en ayuda de las diócesis necesitadas.

Possumus! Esta es aún la respuesta, el mensaje del Hijo del Trueno. España aceptó este lema en el correr de su historia y hoy lo repite con un no! al desaliento, al cansancio, a la engañosa euforia de glorias pasadas; lo confirma con un si! a la tensión de vigilia, de espíritu peregrinante. Y lo hace con fe y esperanza en la Providencia divina que siempre la asistió, con seguridad de sí misma, de sus virtudes y reservas espirituales, de sus hombres y valores humanos.

Oh sidus refulgens Hispaniae, Sancte Jacobe Apostole! ¡Santiago Apóstol, astro refulgente de España, protégela, ruega por ella!

Españoles amadísimos y devotos de Santiago: recibid en nombre de Cristo y de su Santísima Madre, en prenda de esta protección que sobre vosotros invocamos, Nuestra particular Bendición Apostólica.

 

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