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DISCURSO DEL PAPA PABLO VI
AL PRIMER EMBAJADOR DE FINLANDIA
ANTE LA SANTA SE
DE*

Jueves 21 de abril 1966

 

Señor Embajador:

Acogemos con la satisfacción más viva las Cartas Credenciales que Vuestra Excelencia acaba de presentarnos de parte del Señor Presidente de la República de Finlandia, y que os designan Embajador de vuestro país ante Nuestra persona.

Nos no poseemos, Señor Embajador, un conocimiento directo de vuestra Patria, pero su valor, su espíritu pacífico y su sentimiento nacional se han afirmado lo bastante, en el curso de este medio siglo de su vida independiente, como para merecer la benévola atención y la estima de todos. La Santa Sede ha seguido siempre con interés la progresiva afirmación de la personalidad de esta joven República en la comunidad de los pueblos.

Nos estábamos al servicio de Nuestro gran predecesor, el Papa Pío XII, cuando Finlandia decidió establecer relaciones diplomáticas con la Santa Sede; no hemos olvidado la agradable sorpresa que constituyó para los ambientes del Vaticano, esta decisión del Presidente de un país en donde los católicos no son más que una escasa minoría. Tenemos aún muy presente en Nuestro espíritu la noble y simpática figura de uno, entre otros, de vuestros primeros predecesores, el Ministro Harri Holma, y también a la del Encargado de Negocios Görán Stenius, escritor y diplomático, que dejó un libro de recuerdos conmovedor sobre su estadía en el Vaticano.

Las relaciones siempre cordiales entre la Santa Sede y Finlandia superan, con la llegada de Vuestra Excelencia, una nueva etapa y alcanzan, puede decirse un grado superior de madurez. Ya no es más un Ministro, es un Embajador el que el Señor Presidente de la República envía hacia Nos en este día, y Nos no podemos sino alegrarnos de ello.

Vuestra Excelencia se ha dignado aludir al interés que su patria presta a Nuestros esfuerzos en pro del mantenimiento de la paz en el mundo.

Por Nuestra parte, podemos aseguraros que consideramos con la más viva simpatía, el carácter pacífico de vuestro país y su deseo de ejercer una neutralidad activa y favorable a causa del acuerdo entre las naciones. Nos place además escuchar a Vuestra Excelencia afirmar altamente el lugar que los valores y las obligaciones morales ocupan en la vida de una nación: éstos ocupan el primer lugar en Nuestras preocupaciones, por el interés mismo de los pueblos que se dignan honrarnos con su amistad. Con esto queremos deciros, Excelencia, que nos encontraréis siempre dispuestos a ayudaros en vuestra misión, en todo lo que pueda favorecer el desarrollo de estos valores morales y espirituales en vuestro país. De todo corazón, al acogeros aquí, en los umbrales de vuestra misión, Nos invocamos sobre vuestra Persona y sobre sus actividades la propiciadora bendición de Dios Todopoderoso.


*ORe (Buenos Aires), año XVI, n°703, p.5.

 

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