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DISCURSO DEL PAPA PABLO VI
AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA FEDERAL DE CAMERÚN*

Jueves 15 de septiembre de 1966

 

Señor Presidente:

Cuando Vuestra Excelencia manifestó el deseo de venir a visitarNos, accedimos de buen grado a su demanda, y con alegría hoy Nos os recibimos en Nuestra morada, junto con las distinguidas personalidades que os acompañan.

En vuestra persona, Señor Presidente, Nos acogemos a todo el Camerún y Nos resulta muy agradable deciros la viva satisfacción que esto Nos causa. En efecto, desde hace ya mucho tiempo, entre vuestro país y la Iglesia católica se han entretejido estrechos vínculos. Como sabéis, nuestros misioneros no tuvieron jamás otra ambición que la de ponerse al servicio de aquellos a quienes habían ido a evangelizar, y su orgullo más legitimo es ver que hoy la Iglesia del Camerún está dirigida, incluso en sus más elevadas funciones, por auténticos hijos de esta noble nación. Nos os podemos asegurar muy bien esto: los católicos del Camerún desean de todo corazón trabajar con todas sus fuerzas en el desarrollo económico, social, cultural y moral de vuestro país, dentro de la recíproca concordia y del respeto por todos sus compatriotas.

El Camerún ha realizado numerosos progresos después de su entrada en el concierto de los pueblos como nación libre e independiente. Y Nos sabemos cómo os preocupa trabajar, en amistad con los países vecinos al vuestro, en pro del mejoramiento constante de las condiciones de vida de esas poblaciones cuya confianza os ha llevado hasta la dirección del Estado. Sin dudas, y más allá de las diferencias de raza, de lenguas, de costumbres y de religión, esta voluntad de promoción de todo el país será un poderoso factor de éxito en el camino del desarrollo, que habéis emprendido con ardor.

Por Nuestra parte, Nos complacemos en ver en vuestra visita un homenaje solemne a los valores espirituales en los que se apoya toda civilización. Por lo demás, Nos hemos apreciado ya la simpatía con que habéis seguido el desarrollo del Concilio Ecuménico, enviando un representante oficial tanto a la inauguración como a la clausura de esa solemne asamblea, de la cual "se desbordó un torrente de afecto y de admiración sobre el mundo humano moderno" (Discurso del 7 de diciembre de 1965, A.A.S., t. LVIII, página. 36). Y, recientemente, Nos hemos dado personalmente y con alegría Nuestro consentimiento para que fueran establecidas las relaciones diplomáticas entre la República Federal del Camerún y la Santa Sede. Nos place ver en esto un nuevo factor de concordia y de acuerdo entre las naciones y, por lo mismo, un jalón más en la ruta de la paz entre todos los hombres.

Que el Camerún pueda permanecer fiel a esta vocación pacífica y que, en el lugar que le corresponde dentro de la gran familia de los pueblos pueda continuar su marcha por los caminos del progreso y de la fraternidad, para el mayor bien de todos sus hijos. Y al mismo tiempo que Nos formulamos estos votos, invocamos de todo corazón sobre Vuestra Excelencia, sobre el Señor Ministro de Relaciones Exteriores y sobre las altas personalidades que os acompañan, así, como sobre toda la noble nación del Camerún que Nos es tan querida, las más abundantes Bendiciones de Dios Todopoderoso.


*ORe (Buenos Aires), año XVI, n°724, p.3.

 

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