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DISCURSO DEL PAPA PABLO VI
AL ENVIADO DEL GOBIERNO FEDERAL DE YUGOSLAVIA

Jueves 22 de diciembre  de1966

 

Constituye una alegría para Nos, Señor Ministro, desearos la más cordial bienvenida al Vaticano, en vuestra calidad de Enviado del Gobierno Federal de Yugoslavia. Os agradecemos las cordiales palabras que acabáis de dirigirnos y confiamos en que no os sentiréis en absoluto, aquí, como un extraño, pues tuvimos placer de conoceros hace tiempo en Milán, cuando desempeñabais las funciones de Cónsul.

La presencia de Vuestra Excelencia en este día y en este lugar manifiesta un hecho lleno de promesas, del cual es conveniente, como habéis señalado, alegrarse profundamente: el restablecimiento de las relaciones entre la Santa Sede y vuestro noble país.

Hacia éste se dirige en primer lugar Nuestro pensamiento, y Nos place recordar ante vos sus bellezas naturales, tan justamente famosas, su historia, su cultura, las personalidades que le han dado lustre y los monumentos que cada época vio surgir en su territorio.

Pero dirigimos Nuestro saludo, ante todo, a las poblaciones yugoeslavas: poblaciones que se honran por su valor, su amor al trabajo y su generosa práctica de la hospitalidad, como así también por su profundo espíritu religioso, atestiguado por las innumerables iglesias y monasterios cristianos que cubren el suelo de vuestra patria.

La comunidad católica, en especial, tiene derecho a Nuestra mención particularmente elogiosa y afectuosa. Bajo la dirección de solícitos obispos, ayudados por un excelente clero, Nuestros higos católicos se distinguen por el fervor de su práctica religiosa y por su fiel adhesión a la Santa Sede. Nos quisimos honrar esta fidelidad ejemplar elevando a la dignidad cardenalicia al muy querido arzobispo de Zagreb.

Confiamos en que el restablecimiento de las relaciones entre la Santa Sede y el Gobierno Federal se revelará pródigo de beneficios para las poblaciones yugoeslavas. Y no dudamos de que la comunidad católica, al ver mejor garantizados el respeto de sus derechos y su libertad de acción en virtud de un solemne acto bilateral, se sentirá estimulada para trabajar cada vez más por el bien del país. Esta actividad de los católicos, de conformidad con los principios de la Iglesia, tiende en primer lugar hacia el bien moral y espiritual de los fieles mismos, pero tiene los mejores efectos sobre el desarrollo y el progreso del conjunto de la comunidad por los caminos de la justicia, de la libertad y de la concordia.

De todo corazón, pues, hacernos votos por el pleno éxito de a misión que Vuestra Excelencia inaugura hoy. De todo corazón, también, os aseguramos que, en el ejercicio de la misma, encontraréis siempre en Nos y en Vuestros colaboradores, comprensión y apoyo.

Por último, os agradeceremos que tengáis a bien hacer llegar Vuestro deferente saludo al Señor Presidente de la República, con Nuestros votos de prosperidad para todos los pueblos de Yugoslavia, por los cuales elevamos Nuestra ferviente plegaria hacia Dios Todopoderoso.


*ORe (Buenos Aires), año XVII, n°739, p.3.

 

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