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  PEREGRINACIÓN AL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
A LOS MIEMBROS DEL CUERPO DIPLOMÁTICO
ACREDITADO ANTE LA REPÚBLICA PORTUGUESA*

Sábado 13 de mayo de 1967

 

Deseamos dirigir un saludo respetuoso y cordial a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditados ante la República Portuguesa.

Agradecemos vuestra presencia, Señores, en este lugar, y el homenaje que habéis querido rendir tanto a la Iglesia como a Nuestra humilde persona.

Con este gesto de delicada cortesía manifestáis vuestra aprobación por el acto que estamos realizando hoy. Demostráis que comprendéis perfectamente su sentido y su alcance.

Estamos aquí como peregrino. Hemos venido para orar, para implorar a la divina misericordia el don de la paz, por la que suspiran tan ardientemente los hombres de nuestro tiempo. No una paz cualquiera, sino la que hemos invocado fervientemente en Nuestra reciente Encíclica «Populorum progressio», y que descansa sobre las cuatro bases tan afortunadamente definidas por Nuestro gran predecesor Juan XXIII, en un documento justamente célebre, y que son la verdad, la justicia, el amor y la libertad.

Vosotros podréis, acaso mejor que Nos y con más autoridad, testimoniar, Señores, el carácter puramente religioso de esta peregrinación. Por adelantado os manifestamos Nuestra gratitud.

En vuestras personas saludamos igualmente a vuestros Gobiernos y a las Naciones de las cuales sois dignos representantes. Invocando sobre ellas y sobre vosotros mismos y vuestras familias la divina asistencia, tenemos el placer de renovar el deseo que formulamos al final de Nuestra Encíclica: ¡que la gran familia humana pueda progresar por los caminos de la fraternidad y de la paz y atraer más y más cada día sobre sí misma las bendiciones del Dios Todopoderoso!


*ORe (Buenos Aires), año XVII, n°753, p.6.

 

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