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PEREGRINACIÓN APOSTÓLICA A BOGOTÁ

DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LOS REPRESENTANTES DE LA COMUNIDAD JUDÍA

Viernes 23 de agosto de 1968

Tenemos la satisfacción de encontrar y de saludar también a los representantes de la comunidad judía. Vosotros sabéis que el Concilio Vaticano Segundo ha estudiado seriamente las relaciones entre la Iglesia Católica y el Judaísmo.

Et texto de la Declaración «Nostra Aetate», que promulgamos solemnemente el 28 octubre de 1965, dice con razón: «como es tan grande el patrimonio espiritual común a cristianos y judíos, este Sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre ellos, que se consigue, sobre todo, por medio de los estudios bíblicos y teológicos y con el diálogo fraterno».

Entre las riquezas de este gran patrimonio común, querríamos recordar hoy la fe en un solo Dios, que trasciende todas las categorías humanas y que, al mismo tiempo, se ha revelado como Padre (Cfr. Is. 63, 16). Dios creó al hombre a imagen y nosotros compartimos la fe de que estamos llamados - según el gran mandamiento del amor de Dios y del prójimo, (Cfr. Deut. 6, 5; Lev. 19, 18) concretado en las «diez palabras» y en otras reglas de vida (Cfr. Deut. 5 y Lev. 19) a cumplir la voluntad divina y a ponernos los unos al servicio de los otros. Quiera Dios que así lleguemos todos a participar un día de la gloria plena en un cielo nuevo y sobre una tierra nueva (Cfr. Is. 65, 17).

Rogamos a Dios que bendiga nuestros esfuerzos de fructuosa colaboración para bien de la humanidad entera, a fin de que venga el día en que todos los pueblos invocarán al Señor con una misma voz y le servirán bajo un solo yugo (Cfr. Soph. 3, 9; Declar. «Nostra Aetate»).

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