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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL SR. JOHN EVERETT ROBBINS
PRIMER EMBAJADOR DE
CANADÁ ANTE LA SANTA SEDE*

Jueves 23 de abril de 1970

 

Señor Embajador:

Esta mañana damos la bienvenida a Su Excelencia con calor y alegría. Y le saludamos con satisfacción especial como al primer embajador del Canadá ante la Santa Sede; vernos así que de esta forma se llevan a la práctica las relaciones diplomáticas recientemente establecidas.

Apreciamos las amables palabras que Ud. ha dedicado al papel que la Santa Sede desempeña en el ámbito internacional. Por nuestra parte, nos complacemos en reconocer la contribución que su gran país va prestando en este campo desde hace muchos años. Y confiamos además, que este nuevo lazo, que ahora nos une, va a permitir a ambas partes trabajar con mayor eficacia por los objetivos de nuestro interés común, mencionados por Su Excelencia. En efecto, nuestros esfuerzos deben coordinarse en favor de todos los pueblos de la tierra.

Hacemos llegar a Su Excelencia nuestros mejores deseos para el cumplimiento de su misión. Le aseguramos que Ud. nos encontrará siempre de veras dispuestos a colaborar sobre todo en lo que afecta a la paz del mundo. Pedimos a Dios le conceda realizar realmente un gran servicio a su País, en favor del cual renovamos nuestros mejores deseos de prosperidad y desarrollo armónico.

Vayan nuestros respetuosos sentimientos hacia su Majestad la Reina Isabel, en nombre de la cual ha presentado Ud. sus cartas credenciales; y rogamos a Su Excelencia quiera reiterar la expresión de nuestra deferente estima al muy honorable Primer Ministro. Invocamos sobre usted, sobre su familia y sobre todo el estimado pueblo del Canadá, la abundancia de las bendiciones del Señor.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.18 p.10.

 

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