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MENSAJE DEL SANTO PADRE PABLO VI
CON OCASIÓN DE LA SEGUNDA ULTREYA MUNDIAL
DE LOS CURSILLOS DE CRISTIANDAD

Sábado 23 de mayo de 1970

 

Cursillistas de Cristiandad, Hermanos e Hijos amadísimos!

Gran alegría y consuelo sentimos en estos momentos al poder alargar Nuestra presencia espiritual por medio de estas palabras hasta esa Ciudad de México, tan querida y amada, hoy convertida en escenario ante el mundo de un acontecimiento especial: la Segunda Ultreya Mundial de los Cursillos de Cristiandad. Habéis llegado por todos los caminos, fieles a una concepción peregrinante de vuestro estilo ascético, para celebrar bajo la luz del Espíritu y el sabio consejo de vuestros Pastores un encuentro fraternal de estudio y oración.

No es la primera vez que Nos dirigimos a vosotros. Permitidnos recordar las voces de otro encuentro, en el Vaticano, cuyos ecos resuenan todavía con la misma firmeza y emoción que supisteis dar a las promesas de ser apóstoles, dar testimonio de la belleza de la Iglesia, realizar el programa del Concilio. Quisiéramos también ahora confortaros con nuestras palabras -breves y sencillas- pero dictadas por el amor.

Escrutando las inquietudes del mundo que vosotros queréis llevar a Cristo se observa un hecho real: el interés de las nuevas generaciones por los ideales sanos y puros, por los hombres que los encarnaron. ¿Podemos los cristianos, con justa esperanza, mirar estos síntomas con espíritu de fe para acomodar nuestro mensaje a las realidades consoladoras que se nos anuncian? La respuesta es gratamente afirmativa y la misión del cristiano será perseverar en el empeño de conciliar la actividad de apostolado con una nueva situación que exige soluciones precisas y justas, verdaderas y cabales.

En esta tarea, el apóstol debe encontrar una afirmación vital que nazca de su experiencia propia, de los ideales más familiares y cercanos al fondo de su vida cristiana. Y ¿cuál es el ideal más cercano, más familiar para un cristiano? La respuesta sólo es una: Cristo.

El es el Hijo de Dios que se hace Hombre entre los hombres; lo encontramos, sobre todo, al lado de los que sufren, de los niños, de los pobres para ofrecerles la salud, el reino de los cielos, la gran riqueza de poseer a Dios; lo vemos caminar cañadas y subir repechos diciendo a los que le siguen: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida» (Io. 14, 6). La gente, deslumbrada, le llama «Salvador», «Maestro», «Señor». Jesús de Nazaret es fascinante y su figura ha quedado en los evangelios como ideal del hombre perfecto. Seguir sus pasos es un caminar por el mundo haciendo el bien.

Los cristianos han de acelerar los tiempos de la conformación del hombre actual al modelo de Cristo con un impulso y estilo peculiar. ¿Qué fuerza les impele a ello? La fuerza de su vida interior alimentada por la participación en los sacramentos de la Iglesia, especialmente en la Eucaristía. Tenéis que presentar al mundo el rostro de un modelo fiel, la inmensa simpatía de un ideal sublime y excelso. Esta es una tarea que debéis emprender a partir de vuestra amistad con Jesús, de vuestro conocimiento de El, de vuestra configuración cristiana. Lo sabéis muy bien vosotros, Cursillistas de Cristiandad que hicisteis de Cristo el Amigo, el Maestro, el Señor.

Vuestra vida comienza así una nueva etapa: la del testimonio. Es lícito preguntarse hacia dónde dirigir las energías, las actividades de apostolado? No será difícil encontrar los campos abonados para vuestros generosos deseos. Os recordaremos especialmente el del amor en la familia, la santificación del hogar cristiano que constituye el núcleo de vida más amable y más cercano.

Llevad también el cristianismo, a manos llenas, al ambiente profesional de vuestro trabajo. Una forma auténtica de testimonio cristiano es el compromiso concreto, sostenido por la gracia y en colaboración con todos los hombres de buena voluntad y dispuestos a la edificación de una sociedad en la que sea posible la verdadera promoción humana en la aplicación de la justicia social y en el respeto de la dignidad y libertades fundamentales de todos.

Junto con vuestros Pastores estudiad los caminos aptos para la difusión del Evangelio. Pero, sobre todo, sed hijos fieles de la Iglesia. El mundo busca unidad de pensamiento, de soluciones, de doctrina, de ideales. Permaneced siempre con la Iglesia, leales a sus orientaciones, seguros de que así la proyección de vuestra vida cristiana tendrá no sólo unidad sino también los signos claros y atrayentes de la autenticidad y la eficacia.

¡Animo, Cursillistas! Peregrinad por los caminos del mundo llevando en vuestro rostro, con firmeza y serenidad, el sello divino de la gracia. Que florezca en todo el mundo, con mil colores, vuestra amistad con Cristo. Que la Virgen de Guadalupe y San Pablo Apóstol, que Nos mismo hemos declarado vuestro celestial Patrono, os ayuden a vivir siempre estos ideales cristianos. Con estos deseos y en prenda de abundantes gracias del cielo recibid, señor cardenal de la Ciudad de México, venerables hermanos en el Episcopado, queridos sacerdotes y cursillistas asistentes a la Segunda Ultreya Mundial una especial bendición apostólica que muy de corazón extendemos a vuestros familiares y compañeros.

 

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