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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL SR. LECKRAZ TEELOCK,
PRIMER EMBAJADOR DE
LA REPÚBLICA DE MAURICIO
ANTE LA SANTA SEDE

Lunes 25 de mayo de 1970

 

Señor Embajador:

Le ofrecemos nuestra más cordial bienvenida, en el momento en que nos presenta las Cartas credenciales que le acreditan corno primer Embajador de su país ante la Santa Sede. Le damos la bienvenida como persona particular y se la damos también como al representante de este país tan cercano a nuestro corazón: Mauritius.

Apreciamos muchísimo las amable: expresiones con las que usted se ha referido a nuestra Iglesia y su reconocimiento por la obra que ella desarrolla en Mauritius, no sólo en e1 esfera educacional y social, sino también promoviendo una vida de comprensión y de fraternidad entre su estimado pueblo.

Sus palabras, señor embajador, de muestran una profunda comprensión de los más altos ideales de la vid: humana y el buen camino para acercarse a ellos, si se quiere realmente conseguir la paz y el bienestar lo mismo en la propia nación que en todo el mundo. Usted ha hablado de gran líder Gandhi; pero aunque no hubiera mencionado su nombre, él habría venido espontáneamente nuestra mente cuando usted expresaba sus propias ideas sobre la fraternidad, la comprensión y el amor.

Nosotros oímos con satisfacción estas sus palabras que subrayan lo que puede conseguirse cuando la Iglesia y el Gobierno actúan en estrecha cooperación; y le estamos de veras reconocidos por su alabanza al celo misionero de la Iglesia Católica Romana en la historia de Mauritius y a su profunda influencia en la vida espiritual de su pueblo.

La vinculación entre Mauritius y la Iglesia Católica ha sido siempre firme y sólida, pues estaba fundada en un servicio desinteresado y en un auténtico afecto para con su pueblo demostrado por aquellos que allí sembraron la palabra de Dios, la fraternidad y la caridad. Esta vinculación está sellada y será en el porvenir aumentada por la elección de Su Excelencia como primer embajador ante la Santa Sede y por los nombramientos del primer obispo autóctono para Port Louis, y del arzobispo mons. Cecchini como Pro-Nuncio de Mauritius.

Le manifestamos nuestros mejores deseos en lo tocante al cumplimiento de su misión y le damos seguridades de que usted nos hallará dispuestos siempre a ayudarle, en particular en lo que se refiere al bien y al progreso de Mauritius y a su armonioso desarrollo en la paz y en la prosperidad. De todo corazón, invocamos sobre usted, sobre su familia y sobre todo el pueblo de su estimada patria, las más ricas bendiciones del cielo.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.23 p.8.

 

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