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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL
EMBAJADOR DE GRAN BRETAÑA ANTE LA SANTA SEDE*

Jueves 13 de agosto de 1970

 

Señor Ministro:

Con la mayor satisfacción damos hoy aquí la bienvenida, ante todo, a su personalidad oficial, al presentamos usted las Cartas por medio de las cuales Su Majestad Británica le acredita como a su Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario ante la Santa Sede.

Nosotros apreciamos profundamente el amable mensaje que usted nos ha traído de parte de Su Majestad, para la cual alimentamos un particular aprecio.

Los objetivos de nuestro pontificado, que usted ha descrito con tanta generosidad, son en realidad los que vive todo cristiano auténtico, y son también ideales a los cuales desea dedicarse todo hombre de espíritu.

Hemos sentido una gran satisfacción al oírle hablar de los objetivos del Gobierno de Su Majestad –particularmente al referirse a aquellos que conducen en última instancia a la paz y a la fraternidad– en el marco del imperio de la ley, y a los que miran al progreso social y al desarrollo.

Sabemos que se están realizando negociaciones para ampliar el número de miembros de la Comunidad Europea. Una Europa Unida puede ser una fuente de solidez y de estabilidad y esto, no sólo para la misma Europa, sino también para el resto del mundo; pues no es necesario que se trate de una comunidad únicamente preocupada por sus propios problemas, sino que puede ser una base sólida y próspera para extender su ayuda a aquellas partes del mundo que son menos prósperas.

Conocemos también la amistosa cooperación existente entre su Gobierno y la Iglesia Católica Romana en muchos campos de actividad, y deseamos darle seguridades de que la Iglesia quiere estar siempre dispuesta a ayudar en aquellas materias que la afectan de modo especial, como son la educación y la preocupación por los problemas del espíritu.

El estrechamiento de relaciones últimamente conseguido entre la Iglesia Establecida de la Comunión Anglicana y la Iglesia Católica Romana es un punto que permite tener confianza, en estos tiempos en que un liderazgo religioso responsable puede ser tan importante para la auténtica felicidad y para los destinos de una nación.

Permítanos Su Excelencia dirigirle también una palabra de bienvenida personal. Su inapreciable experiencia en los diversos campos de la diplomacia y de las responsabilidades no ha escapado a nuestra atención. Y esto nos da plena confianza en que su empeño por trabajar en favor del mantenimiento y el crecimiento de los lazos de comprensión y amistad con la Santa Sede se verá plenamente coronado por el éxito; para este objetivo, la Santa Sede ofrecerá su más estrecha colaboración. Sepa usted que le acompañan nuestros mejores deseos para el feliz cumplimiento de su tarea.

Le rogamos haga llegar a Su Majestad nuestros especiales saludos. Nosotros pedimos a Dios que ella, su familia y su pueblo, sean objeto de sus abundantes bendiciones y que la paz y la prosperidad sigan protegiendo a su amada nación.


*AAS 62 (1970), p.596-597.

Insegnamenti di Paolo VI, vol. VIII, p.786-787.

L’Attività della Santa Sede 1970, p.356-357.

L'Osservatore Romano 14.8.1970, p.1.

L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.34 p.2.

 

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