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DISCURSO DEL PAPA PABLO VI
AL NUEVO EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA DOMINICANA
ANTE LA SANTA SEDE*
Jueves 19 de noviembre de 1970
Señor Embajador:
Con atención y complacencia hemos escuchado las deferentes palabras, que
Vuestra Excelencia acaba de dirigirnos al presentarnos las Cartas que le
acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República
Dominicana ante la Santa Sede.
Sus nobles expresiones nos resultan especialmente gratas por venirnos del
Representante de un País para Nos tan querido, que se honra de haber recibido
las primicias de la predicación evangélica en el Nuevo Mundo. Vuestras ciudades
conservan nombres y se precian de monumentos arquitectónicos, que recuerdan aún
el espíritu de aquellos primeros mensajeros de la fe, que con la luz de Cristo
llevaron la antorcha de la cultura y pusieron su afán en la elevación de la
persona humana y en la defensa de sus derechos.
En esta línea quiere la Iglesia prestar su servicio a la República Dominicana, y
se está esforzando en hacerlo bajo la guía de sus Obispos, con el trabajo
decidido de los sacerdotes y con la generosa cooperación de los seglares,
empeñados todos en una común tarea apostólica y social para el bien de la
comunidad.
Nos mismo -y Vuestra Excelencia ha tenido la amabilidad de recordarlo-, como
Padre y Pastor, exhortamos repetidamente a la paz y la fraterna convivencia a
todos los dominicanos en momentos dolorosos, aún no muy lejanos.
Con afecto constante hacemos fervientes votos para esa paz, paz activa, paz
externa y especialmente de los corazones, paz justa construida con el empeño
diario de todos, en la que encuentren recta cabida las aspiraciones de quienes
anhelan una situación mejor, y en la que puedan realizarse las esperanzas y las
energías de las nuevas generaciones.
¡Señor Embajador! Al asegurarle Nuestra benevolencia para el cumplimiento de
la alta misión que hoy comienza, otorgamos de corazón a Vuestra Excelencia y a
su familia, al Excelentísimo Señor Presidente de la República -cuyo saludo
agradecemos profundamente- y al Gobierno, y a todos Nuestros amadísimos hijos de
la República Dominicana, la implorada Bendición Apostólica.
*AAS 62 (1970), p.838-839. Insegnamenti di Paolo VI, vol.
VIII, p.1160-1161. L’Attività della Santa Sede 1970, p.520.
L' Osservatore Romano, 20.11.1970, p.1. ORe n.48 p.6. |