|
DISCURSO DEL SANTO PADRE
PABLO VI AL NUEVO EMBAJADOR DE COLOMBIA ANTE LA SANTA SEDE*
Lunes 20 de diciembre de 1971
Señor Embajador:
Hemos escuchado con viva atención las deferentes palabras que acaba de
dirigirnos al presentar las Cartas que lo acreditan como Embajador
Extraordinario y Plenipotenciario de Colombia ante la Santa Sede.
Agradecemos sinceramente a Vuestra Excelencia sus devotas expresiones sobre
el magisterio social de la Iglesia y el recuerdo que ha tenido para nuestro
viaje a Colombia, el cual evoca en nuestra memoria y en nuestro corazón de
Pastor fechas inolvidables, en que tuvimos el gozo de encontrarnos personalmente
con los amadísimos hijos de vuestro noble país y con representantes de toda
Latinoamérica.
Peregrino apostólico en aquellas tierras -lejanas geográficamente pero
siempre cercanas a nuestro espíritu-, en poco tiempo pudimos ponernos en
contacto con gentes de toda categoría y condición, y a todos procuramos decir
una palabra de luz, de afecto y de esperanza.
Les hablamos del Mensaje evangélico y de su aplicación a la vida; hablamos de
paz, de fraternidad y de desarrollo, como es nuestra misión de Padre y Pastor.
Esas son las palabras que la Iglesia ha dicho y quiere continuar diciendo a
los colombianos, confiando que sean continuamente fermento de sus legítimas
aspiraciones, de sus iniciativas y de sus realizaciones, de manera que se pueda
llegar, con el empeño fraternal de todos, a ese progreso espiritual, cultural,
social y económico, que está en la mente de quienes anhelan y trabajan por una
sociedad mejor.
Con particular complacencia hemos escuchado su amable referencia a un
encuentro muy especial, y por Nos íntimamente esperado: el encuentro con los
campesinos. Fuimos testigo de su profunda fe cristiana, tan arraigada en vuestro
pueblo, de sus esperanzas y de sus deseos de superación. Les dijimos entonces: «Queremos
ser solidario de vuestra buena causa, que es la del pueblo humilde, la de la
gente pobre». Bien sabemos que interpretábamos el pensamiento y el empeño de la
Iglesia en Colombia, y que nuestras palabras iban a ser un aliciente para el
futuro. Lo decimos con intima alegría, sabiendo el eco que esas palabras han
encontrado en nuestros hermanos en el Episcopado, en el clero y en los fieles
colombianos, y también en las Autoridades civiles. El compromiso social en favor
de los más necesitados - exigencia básica para todo cristiano auténtico - es un
gran servicio que la Iglesia presta y quiere seguir prestando desinteresadamente
a Colombia, dentro de su característica misión primordialmente religiosa y en
convergencia con las numerosas iniciativas públicas y privadas que miran al
desarrollo integral del hombre.
Pedimos de corazón al Señor que estos comunes esfuerzos, inspirados en los
principios cristianos que vuestro país ha incorporado a su espíritu y a su
historia, logren para todos una vida mejor y sean garantía de paz activa, de
solidaridad, de cristiana prosperidad y de auténtico progreso.
Al deferente saludo que nos ha trasmitido en nombre de las más Altas
Autoridades y del pueblo colombiano, correspondemos complacido con nuestro
sincero agradecimiento y con nuestro paterno afecto.
Mientras le formulamos nuestros mejores votos y le aseguramos, Señor
Embajador, nuestra benevolencia para el feliz cumplimiento de su elevada misión,
invocamos sobre su digna persona y sobre todos nuestros amadísimos y siempre
recordados hijos de Colombia, continuas bendiciones del Altísimo.
*AAS 64 (1972), p.26-27.
Insegnamenti di
Paolo VI, vol. IX, p.1151-1152.
L’ Attività della Santa Sede 1971, p.507-508.
L'Osservatore Romano 20-21.12.1971 p.1.
ORe n.52 p.9.
|