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DISCURSO DEL SANTO PADRE
PABLO VI AL NUEVO EMBAJADOR DE EL SALVADOR ANTE LA SANTA SEDE*
Lunes 27 de septiembre de 1971
Señor Embajador:
Hemos escuchado con atención las deferentes expresiones que acaba de
dirigirnos al presentar las Cartas que lo acreditan como Embajador
Extraordinario y Plenipotenciario de El Salvador ante la Santa Sede.
Sus referencias a la acción de la Iglesia y a nuestra labor apostólica
encuentran grata correspondencia en el afecto que nutrimos en nuestro corazón
por todos los amadísimos hijos salvadoreños, cuyas católicas y nobles
tradiciones no pueden menos de ser aliciente de fraterna convivencia y de
pacífico progreso.
La riqueza moral de sentimientos cristianos que son característicos de
vuestras gentes, han contribuido a construir el patrimonio humano, cultural y
espiritual de El Salvador, impulsado por la fuerza regeneradora del mensaje
evangélico.
La Iglesia ha compartido, a lo largo de esa trayectoria histórica, las
inquietudes y aspiraciones de vuestro pueblo, empeñando su solicitud de «Madre y
Maestra» en procurar una vida plena a los individuos y a las agrupaciones
sociales. Ella, cuya misión espiritual tiende a descubrir y realizar la
dimensión eterna del hombre y a estrechar los vínculos fraternos de la familia
humana, seguirá desplegando fielmente, mediante las enseñanzas y los trabajos
pastorales, su actividad de sembradora de concordia, de promotora de la justicia
y de la caridad, de portavoz incansable de la paz.
Sabemos muy bien, y Vuestra Excelencia lo ha recordado cortésmente hace unos
momentos, cuán adherido está el espíritu de los salvadoreños a la causa de estos
ideales, tan queridos por Nos. Y tenemos la plena confianza de que, fieles a la
predicación evangélica, ellos sabrán redoblar sus mejores esfuerzos, en la
perspectiva de procurar horizontes nuevos a la convivencia y a la solidaridad,
para que cada uno pueda desenvolver íntegramente la vocación inherente a la
dignidad de la persona, en un ambiente de respeto a las legítimas aspiraciones y
libertades, y de colaboración fraterna; y convertirse así en elemento válido de
promoción y progreso cristianos dentro de la Comunidad.
Al agradecer a Vuestra Excelencia el deferente saludo que nos ha transmitido
en nombre del Excelentísimo Señor Presidente de la República y sus devotos
sentimientos personales, le formulamos los mejores votos y le aseguramos, Señor
Embajador, nuestra benevolencia para el feliz cumplimiento de su alta misión,
mientras invocamos sobre todos nuestros amadísimos hijos de El Salvador las
mejores bendiciones divinas.
*AAS 63 (1971), p.764; Insegnamenti di
Paolo VI, vol. IX, p.816-817; L’Attività della Santa Sede 1971, p.362-363; OR
27-28.9.1971 p.1;
ORe n.40 p.10.
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